La comodidad del carancheo político: más de veinte años de quejas 

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

Por Matías Pintos*

El panorama político de Misiones ofrece un espectáculo que ya lleva 23 años en cartelera: una oposición experta en el arte de sobrevivir criticando sin proponer absolutamente nada. Mientras el oficialismo capea las tormentas de gestión entre desgastes y parches, los sectores opositores perfeccionaron una profesión comodísima: pararse bajo techo a relatar cómo se inunda el vecino, rezando para que la correntada les traiga algún voto de rebote. 

Esta postura reactiva degrada el debate público y delata una profunda crisis de representación. El "carancheo" de la coyuntura es el negocio perfecto: es limpio, no requiere equipos técnicos, ahorra el esfuerzo de redactar contrapropuestas viables y rinde minutos de televisión.

Hoy, la autoproclamada "única oposición" real pasa por “La Libertad Avanza” y los que intentan colgarse del saco de un Milei cuyo rumbo económico cruje en el bolsillo de las provincias. Replicadores de un libreto porteño, aplauden el recorte de fondos que asfixia a su propia tierra mientras esperan que una marea nacional los salve de su intrascendencia territorial. 

A este barco se suman los náufragos de la UCR y el PRO, que deambulan buscando dónde prenderse para ligar una banca o retener algún nicho de poder con sueldo VIP. Del otro lado, el Partido Justicialista (PJ) local tampoco ofrece sensatez: desorientado y fracturado, prefiere consumirse en internas y quilombos de comité antes que estructurar un proyecto de poder real. 

Pasaron más de dos décadas y los discursos siguen saliendo con el mismo molde. Describen las crisis regionales con precisión quirúrgica, pero la página de las soluciones está en blanco. Ante cada protesta social o productiva, los muchachos de la oposición llegan puntuales con el teléfono en la mano, se sacan la foto para alimentar las redes, suben el tuit indignado y vuelven a sus oficinas. No median ni gestionan recursos; solo usan el dolor como combustible electoral para raspar el piso de minoría en la Legislatura.

El misionero promedio ya entendió el truco: la oposición no quiere solucionar el problema, quiere que continúe para seguir figurando en los medios. Al no construir un proyecto serio, financiable y territorial, dejan a la sociedad atrapada entre un oficialismo presionado por los años de gestión y una oposición que no genera confianza ni para manejar un consorcio. Para colmo, cuando las urnas no les dan la razón, prefieren subestimar al electorado y culpar al ciudadano por "votar mal", un berrinche que confirma su desconexión con la realidad de la tierra colorada.

Criticar es gratis y legítimo, pero convertir la queja en un plan de carrera de más de veinte años delata vagancia intelectual. Misiones no va a superar sus desafíos con relatores del estancamiento que dependen del tropiezo ajeno o de la billetera de Buenos Aires. Si la oposición quiere dejar de ser vista como un club de buscadores profesionales de bancas, va a tener que largar el megáfono, agarrar la calculadora y demostrar, al menos una vez, que saben hacia dónde dirigir el barco en medio de la tormenta. 

*Abogado y periodista, especialista en familias, géneros y violencias

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