La Argentina del revés: cuando el estafador acusa al estafado

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

Por Matías Pintos*

¿La casta grita "chorro" para esconder el botín?

La imagen de Javier Milei en el Congreso gritando "chorros" a un grupo de trabajadores de prensa no es solo una puesta en escena violenta; es la fotografía perfecta del desconcierto y el odio irracional. En un país donde la lógica parece haberse suspendido, el Presidente elige como blanco de sus ataques a periodistas que, en su gran mayoría, no llegan a fin de mes.

Lo que resulta insoportable es el cinismo de la acusación. Para el ecosistema libertario, el "chorro" es el cronista que viaja en colectivo, pero no Manuel Adorni, quien pasó de no tener para el café a comprarse dos casas en un año desde que entró al Estado.

El "chorro" no es Luis Caputo, que diseña un carry trade a medida para beneficiar a sus amigos financieros, ni Karina Milei o Spagnuolo, señalados por manejos oscuros en la ANDIS con el negocio de las droguerías. a lista de la doble vara es obscena. El dedo acusador del Presidente ignora los siete departamentos no declarados de Frugoni en Miami y, lo que es más grave, ignora su propia sombra: la causa $LIBRA, donde la investidura presidencial se usó para una estafa que dejó a miles de personas a la deriva.

Estamos viviendo la era del mundo de espaldas. Se persigue al eslabón más débil mientras la verdadera "runfla" se reparte el botín en las oficinas del poder. Cuando el privilegio se disfraza de rebeldía y el ajuste lo pagan quienes informan, la democracia entra en una zona de riesgo. No son "chorros" los que ganan sueldos de miseria; son víctimas de un relato que necesita enemigos de paja para ocultar los negocios de sus propios funcionarios.

*Abogado y periodista, especialista en género, familia y violencias

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