Cierra DASS: el abandono del poder al trabajo argentino y misionero

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

Por Matías Blanco*

La mano invisible del mercado no cura ni soluciona todo. Esta definición se desprende de la dimensión más fáctica de la realidad empírica que tuvo un correlato incontrastable esta semana para quien quiera leer, oír, reflexionar o ver: el cierre definitivo de la fábrica de calzados DASS en Eldorado.

Se advirtió incontables veces que la apertura indiscriminada de importaciones impulsada desde el Gobierno Nacional, sin ningún tipo de malla protectora, era un atentado directo contra la sustentabilidad de la industria nacional y la seguridad laboral de cualquier trabajador, sin importar el rubro en el que se desempeñe; sobre todo si este sector económico tiene a sus espaldas la tarea de fortalecer la vitalidad del consumo interno.

Hubo horas y horas de entrevistas en las cuales diversos delegados gremiales o trabajadores daban cuenta de la gravedad de la situación, solicitando gestiones a legisladores nacionales misioneros de “cualquier raza o color partidario” a que arbitraran medidas tendientes a hacer notar, dentro de la cúspide del poder libertario situada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que las manos desatadas e indómitas del mercado no ocasionan un floreciente crecimiento socioeconómico en provincias periféricas como Misiones, alejadas de los centros de gravitación de la regencia capitalista y financiera, con intereses mucho más calibrados hacia el exterior que a los avatares de la Argentina profunda.

Todo esto no funciona así en la vida real, donde la vorágine del minuto a minuto puede borrar de un plumazo planes digitados y pensados durante toda una vida. Sí pueden ser útiles para quienes deseen desglosar las cualidades de una teoría económica mediante un paper científico, o para el que busque que los cálculos resueltos dentro de una hoja de Excel le den resultados sin fisuras, tal como demanda la asertividad irrefutable de la aritmética abstracta.

Para los que hacemos de la actividad periodística nuestro modo de vida y supervivencia cotidiana, durante el último año se volvió esquemático y repetitivo reportar “los despidos por goteo” de los 500 trabajadores que le quedaron a DASS desde diciembre de 2023 —cuando finalizaron los gobiernos de Alberto Fernández a nivel país, Oscar Herrera Ahuad en Misiones y Fabio Martínez en Eldorado—.

También se marcó con insistencia el deadline que podía significar este mes de julio para la empresa si las multinacionales que concentraban su producción industrial allí (Adidas y Nike) no renovaban sus pedidos.

Nada de eso alcanzó, se escuchó, palpó, percibió o vio y, en consecuencia, este último lunes 6 de julio se produjo el desenlace; que, aunque por nada sorpresivo e inevitable no deja de ser doloroso, ante el cual seguramente cualquier dirigente político, si se le pregunta al respecto, responderá sentirse consternado, pero aun así nadie atinó a hacer algo a tiempo.

DASS comunicó, mediante una asamblea urgente con los delegados de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA), que tras finalizar esta presente tanda de pedidos entre el 17 y 25 del mes, la empresa apagará las máquinas fabricadoras ubicadas en la planta de Eldorado para dedicarse a abastecer el mercado interno con los abundantes “y a precio de ganga” productos provenientes de Asia.

La decisión —que según los popes de DASS lucharon “hasta último momento” por no tomar— deja en expulsión hacia las calles y en las temibles garras del desempleo a las últimas 150 familias que sostenían el último halo de luz de aquella perla del emprendedurismo que había abierto hace casi dos décadas en Eldorado, y que durante mucho tiempo había colaborado a que la ciudad hiciera honor a su bautizo de “capital del trabajo”.

De acuerdo a lo que sostuvo en declaraciones públicas Gustavo Melgarejo, delegado de UTICRA en Eldorado, tanto para Nike como para Adidas comienza a ser más rentable importar pares de zapatillas oriundos de Vietnam que producir en Argentina, y esto constituye la consagración del abandono o la deserción de una política industrialista para el país.

Melgarejo aclaró que la empresa se comprometió a abonar las indemnizaciones según los estándares legales que regían las relaciones laborales con anterioridad a la reforma laboral impulsada por La Libertad Avanza y aprobada desde el Congreso Nacional en el transcurso de las sesiones extraordinarias de febrero pasado; aquellas que Patricia Bullrich definió “como una racha inolvidable de 7 victorias consecutivas” de “el congreso más reformista de la historia”.

Esa joya de reforma laboral que dejó “una nueva definición” del banco de horas, de los períodos de prueba, “de vacaciones consensuadas” con los empleadores, también instituyó un sistema con el que solamente se hubiese podido costear entre un 10 o un 15% de las indemnizaciones de los trabajadores de DASS. A partir de la aplicación del régimen anterior, todos van a cobrar sus liquidaciones de forma total e íntegra.

Esta metodología ya se aplicó con las indemnizaciones que debían abonarse a partir del programa de retiros voluntarios que propuso la empresa en mayo, y que terminó con 50 trabajadores poniéndole punto final a su ciclo laboral en esa entidad otrora pujante.

Gustavo Melgarejo relataba por aquellos días que muchos de los trabajadores que fueron invitados a retirarse pensaban para sí destinos disímiles, como un negocio propio, con lo cual este retiro les era útil para precipitar positivamente el futuro que ya tenían planeado; a otros los iba a embargar la incertidumbre, no obstante se encontraban esperanzados en poder hallar un nuevo espacio laboral; y finalmente esos que se percibían “pasados de edad” y con escasísimas posibilidades de insertarse en un mercado laboral restrictivo, en primera instancia por las condiciones económicas actuales, luego porque calibran su mirada principalmente en la captación de “productos sub-30” moldeados al mundo efímero e imparable de las redes sociales, o simplemente se entregan a la implementación de las bondades implacablemente efectistas de la Inteligencia Artificial introducidas en cualquier engranaje laboral.

Si se hace un paneo general, todos estos trabajadores, ahora abruptamente desacoplados de la rueda económica cotidiana sin importar las características que posean, cuentan con escasas chances de ser pasibles de una nueva contratación.

Al menos eso podría pensarse observando los análisis de las últimas encuestas de “clima social e industrial” hechas por la Confederación Económica de Misiones (CEM), donde si bien los datos extraídos correspondientes a relevamientos que fueron hechos consignaban que un numeroso 80% de las empresas de la tierra roja no estimaba hacer modificaciones en su plantel (es decir, no despediría), el trabajo encuestador se complementaba con la lapidaria conclusión de que solo el 2% de los entramados empresariales cavilaba “el riesgo” de tomar nuevos trabajadores durante los próximos meses.

Viajando a Posadas para observar el problema, es posible visualizar que las últimas grandes oportunidades laborales pintaron sobre el lienzo de un panorama que contenía filas de hasta seis cuadras, donde un contingente aproximado de 400 personas se presentaba para aspirar a entre dos y ocho puestos en supermercados o panaderías próximos a abrirse.

La búsqueda y el perfil de aspirantes evidenciaban una exuberante diversidad.

Entre jóvenes recién salidos de la educación secundaria que pretendían su primera experiencia laboral para poder abonar cuotas de estudios superiores o ayudar en el sostenimiento de su hogar familiar ante la crisis, hasta docentes de grados académicos variopintos que buscaban complementar sus magros salarios en pos de alcanzar el ansiado y caótico umbral del fin de mes.

Quien también asimiló que detrás del cierre de DASS no solamente se ubica el finiquito de balances numéricos desequilibrados, sino que también valen historias familiares e incluso el planeamiento de un modelo futuro de ciudad, fue el intendente de Eldorado, Rodrigo “Pipo” Durán.

El doctor de profesión dijo que el fin de DASS no solamente significaba una desgracia para los trabajadores y sus familias, cuya supervivencia diaria estaba supeditada a esos ingresos, sino que presentaba un inconveniente para el municipio todo “por la economía que se apaga y el dinero que deja de circular”. Aseguró que no se quedaría de brazos cruzados, aunque al unísono de pronunciar esta frase matizó diciendo “que es poco lo que se puede hacer desde Misiones”, porque las sedes centrales empresariales se encuentran en Buenos Aires.

La propuesta paliativa de la comuna liderada por Durán consistió en acercar los currículums de los trabajadores despedidos de DASS a empresas vinculadas a actividades de producción industrial, por si en algún momento se encontraban deseosas de contratar nuevos operarios.

Otro eldoradense que se expresó acerca de la gravedad del cierre de DASS fue el abogado y dirigente de Patria Grande (espacio político referenciado en el diputado nacional Juan Grabois), afirmando que el final funesto de la fábrica de zapatillas es la muestra inocultable de las consecuencias de una política de abandono de la industria nacional.

Fuentes explicó que la demanda por la utilización de zapatillas deportivas no mermó, sino que lo que se esfumó es el atractivo de producir en Argentina. De hecho, reveló que uno de los dos otrora proveedores de DASS importó más de 12 millones de pares de zapatillas en un año, mientras que en DASS se pudo producir menos de 500.000 pares.

Otros informes explicitaban que la capacidad productiva de DASS había caído entre un 70 y un 90 por ciento. Las razones, las mismas que son sistemáticamente repetidas en pos de que sean internalizadas y que, con idéntica automatización, el Gobierno libertario desoye constantemente: la apertura indiscriminada de importaciones.

“Cachorro” también dijo en su charla con los colegas de Gente Digna —uno de los programas de streaming de Aldiome— que todos los países protegen de alguna manera a su industria nacional, incluso el Estados Unidos de Donald Trump, sacralizado por los mileístas. La guerra de aranceles que intentó imponer casi sin distinción tanto a aliados como a enemigos sociopolíticos desde que llegó por segunda vez a la Casa Blanca, demuestra como razón inequívoca el “eliminar la desigualdad comercial” que, según considera el magnate republicano, algunas naciones tienen para con el gigante norteamericano.

También lo hace la Unión Europea, que por estos días comenzó a colocarle barreras arancelarias a productos provenientes de diversas partes del mundo; de hecho, el promocionado y festejado por el libertarianismo argentino acuerdo entre la UE y el Mercosur se demoró más de la cuenta por la reticencia de Francia a establecer condiciones que entorpecieran el desarrollo y proyecciones de sus productores agropecuarios ante el ingreso de cultivos originados en esta parte del globo terráqueo.

Sin embargo, de ambos exponentes de la comunidad internacional, el presidente Javier Milei solo copia el histrionismo y el conservadurismo social de algunos de sus miembros, que también mixtura con el desprecio por los derechos de las minorías, mientras que a nuestra industria nacional la deja en completo desamparo para que pueda ser avasallada por el ansia salvaje del mercado globalizado.

Un poco de historia

La estela de DASS en Eldorado dio sus primeros pasos en 2007, cuando por entonces, mediante una inversión de 160 millones de dólares de una empresa brasileña que planeaba extender sus tentáculos de negocios y para ello seducía a Eldorado por su ubicación estratégica de vasos comunicantes con la frontera.

Inicialmente se instalaron con 8 trabajadores, luego creció a 30 al año siguiente (2008) y se ambicionaba como significativa meta productiva la producción diaria de 30.000 pares de zapatillas. Ese techo de cristal nunca pudo romperse; no obstante, en su momento de mayor esplendor (2015), se alcanzó los 1500 trabajadores y una producción cotidiana de 22.000 pares.

DASS fue la meca del empleado privado en la región y uno de los faros del país, ese que simpatizantes libertarios y del PRO sostienen que no se genera en Argentina desde 2011.

A fines de 2015 llegó al sillón de Rivadavia el expresidente Mauricio Macri y lo que comenzó a experimentarse fue una primera muestra de la vivencia actual (ola de despidos); al final de la gestión macrista, en diciembre de 2019, a DASS le quedaban 300 trabajadores y producía diariamente 14.000 pares de zapatillas.

En mayo de 2021, el por entonces mandatario nacional Alberto Fernández visitó la planta para prometer una inversión de 25 millones de dólares que permitiría la incorporación de 200 trabajadores.

Decía Fernández que “la mayor música para sus oídos era el sonido de esas máquinas produciendo pares de zapatillas y dando trabajo para muchas familias”. Durante un tiempo la melodía sonó pero, un año después, por las trabas para importar los insumos requeridos en la producción, DASS se vio obligada a despedir a 100 operarios y el Gobierno Nacional se vio “impedido para intervenir”.

En esas jornadas, el por entonces embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, anunciaba que la empresa Beira Río, la líder de la industria del calzado en Río Grande do Sul, estaba deseando expandir sus destinos en la región y, nuevamente (como en el comienzo de DASS), Misiones parecía la elegida. En aquella ocasión, dos municipios se presentaron como aspirantes a albergar la sede: San Vicente y San Pedro.

https://www.elterritorio.com.ar/noticias/2021/05/19/704696-beira-rio-ratifico-intenciones-de-radicarse-en-misiones

Entonces se configuró una pintoresca competencia donde ambas comunas prometían una rebaja impositiva mejor que la otra si el emporio empresarial brasileño seleccionaba a alguna para desembarcar.

El tiempo pasó y nada de esto se concretó. Según se dice, finalmente Beira Río decidió operar tenuemente a través de algunos socios locales antes que venir al suelo colorado misionero.

¿El destino de Daniel Scioli?. Si bien Alberto Fernández abandonó la Casa Rosada, él pudo continuar en la función pública reconvirtiéndose en león violeta libertario y actualmente es secretario de Turismo, completamente desentendido del destino de la industria del calzado.

En tanto, el epílogo del albertismo le dejó a DASS unos 500 operarios y una producción cotidiana de 16.000 pares.

Muchas veces Mauricio Macri dijo que si alguna vez volvía a ser presidente “haría lo mismo pero más rápido”. Para DASS, indudablemente, Javier Milei fue igual que Macri a mayor velocidad.

Lo que el presidente “ojos de cielo” labró en 48 meses de gestión, dejándola al borde del cierre, “El Javo” completó la faena macrista en poco más de 31 meses al frente del Ejecutivo Nacional.

Conclusión angustiante

Luego de oír al mandatario Milei decir con total desparpajo que si Argentina no abría sus importaciones “solo tendríamos biromes y viajaríamos en colectivos porque es lo único que tenemos”, además de que “seríamos obesos porque nos pasaríamos comiendo dulce de leche”, la esperanza de que la industria nacional pueda robustecerse queda sepultada en el inframundo.

Si alguna vez dijeron que seríamos “el granero del mundo”, en otras “el supermercado”, el modelo 2026 estaría posicionando al país en la categoría de modesto almacén que para cumplir el mes debe ir constantemente al mayorista para buscar lo que le falta.

No vamos a ingresar a “la liga de los grandes países” porque Javier Milei sea reelecto, sino que lo haremos el día en que establezcamos políticas públicas (dejando de lado los signos políticos) que ponderen la industria nacional, el consumo y la construcción de conocimiento científico.

Hasta entonces continuaremos con la noción “de pez grande en estanque pequeño”, esperando que llegue el salvador a colocarnos en el lugar que nos merecemos.

La decisión sobre qué país ser debe tomarse de forma consciente, responsable, ciudadana y comunitaria.

*Periodista

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