Por Matías Pintos*
Frente a la desregulación que desampara a las familias agrarias, la voz de Oscar Herrera Ahuad en el Congreso expuso el costo real del centralismo: una pérdida proyectada de $640.000 millones para el sector productivo y el dolor silencioso en las chacras misioneras.
Detrás de cada paquete de yerba mate que se abre en cualquier rincón del país hay una historia de sacrificio que hoy se está desmoronando en silencio. Hablar de la "pala" desde la comodidad de un escritorio en Buenos Aires es fácil; saber agarrarla bajo el sol misionero, con el lomo doblado y los dedos curtidos, es otra realidad completamente distinta. Quienes firmaron la desregulación sectorial lo hicieron sin caminar el barro colorado y la rosada en la helada, ignorando que estaban rifando el sudor de miles de familias agrarias.
En el corazón del Congreso, la voz del exgobernador y actual diputado Oscar Herrera Ahuad se alzó para defender el federalismo productivo y exponer la fría realidad matemática del desamparo. Frente a las planillas de Excel nacionales, desnudó una verdad incómoda: la desregulación le arrancará al sector productivo misionero la alarmante cifra de $640.000 millones de pesos entre 2025 y 2026. Con firmeza, demostró que mientras se busca desesperadamente atraer capitales externos, las decisiones centralistas le hacen perder a Misiones el equivalente a tres proyectos RIGI por año. No es un problema de tasas locales; el diputado aclaró que más del 50% del valor del paquete son impuestos, pero el 80% de esa carga impositiva se la queda la Nación, desmitificando por completo el relato oficial.
Hoy, las chacras misioneras sufren un amargo presente. El productor recibe monedas por su entrega, cobrando precios que ni siquiera cubren los costos, y para colmo, soportando pagos en cuotas a plazos infinitos. Mientras las grandes industrias festejan el libre mercado, los pequeños colonos ven cómo su estilo de vida se extingue. La gurisada ya no ve futuro en el oro verde y emigra; los tareferos cruzan la frontera buscando la dignidad que acá se les niega. La defensa del diputado Herrera Ahuad en el Parlamento dejó claro que regular no es pisar al mercado, sino proteger a las familias productoras del desamparo absoluto.
La desregulación económica golpea con una frialdad técnica que se traduce en una profunda e íntima tristeza dentro de los hogares rurales. Es la angustia de los productores que miran su yerbal sin saber si mañana podrán sostenerlo, y el dolor silencioso de las madres y esposas que, al revisar los cajones, se encuentran con la desgarradora realidad de no tener dinero para comprar los útiles escolares de sus hijos. Cuando la economía desatiende a la tierra, la crisis deja de ser un debate político y pasa a ser el llanto de una familia que ve cómo el derecho más básico de sus niños se vuelve inalcanzable.
*Abogado y periodista, especialista en familias, géneros y violencias




