¿Quiénes son los argentinos de bien?
Por Luis Huls*
El presidente Javier Milei suele hablar de los “argentinos de bien”. Con esa expresión define a su base social: trabajadores, emprendedores y ciudadanos honestos que se enfrentan a la “casta política”, al Estado ineficiente y a los empresarios prebendarios.
Es una idea poderosa. Y además suena bien.
Porque, en definitiva, ¿quién no quiere ser un argentino de bien?
La enorme mayoría de la sociedad se reconoce naturalmente en ese concepto: trabajar, esforzarse, pagar impuestos, criar a los hijos y tratar de salir adelante. Para casi todos, eso es ser un argentino de bien.
Pero a lo largo de sus 27 meses de gobierno, el propio Presidente se ha encargado de delimitar cada vez más quiénes entran en ese grupo… y quiénes quedan afuera.
La lista de excluidos se fue ampliando con el tiempo.
Hace pocos días dijo que los empresarios que defienden la industria nacional son “chorros”. Lo dijo en la apertura de la Argentina Week en Nueva York, defendiendo la apertura comercial irrestricta. Estos empresarios no serían parte de los argentinos de bien.
Antes de eso, en varias ocasiones acusó a la dirigencia política de ser “ladrones, corruptos, delincuentes y parásitos”. Pero vale una aclaración: acusó sólo a los opositores; no a los que integran su gobierno y vienen de gobiernos anteriores como Caputo, Bullrich y otros.
El periodismo crítico tampoco, porque Milei los acusó de “ensobrados”. A Majul no. A Joni Viale no. A Fantino tampoco. Solo a los que lo critican.
En otras oportunidades cargó contra sectores sociales vinculados a la agenda de género: cuestionó al feminismo, a la agenda LGBTIQ+ y a lo que denomina “ideología de género”. Incluso utilizó la palabra “mogólico” como insulto y se burló de un niño con autismo, luego justificandose con el ejercicio de libertad de expresión.
Las personas con discapacidad tampoco parecen formar parte de ese universo. El Gobierno vetó la emergencia en el sector y recortó fondos destinados a programas de asistencia.
En Misiones, la pregunta también aplica
Los yerbateros desregulados no parecen entrar en la categoría de argentinos de bien. Según el ministro Federico Sturzenegger, la desregulación del mercado de la yerba mate es un ejemplo de eficiencia económica porque bajó el precio del paquete en góndola. No importa que miles de pequeños productores misioneros esten fundidos porque cobran menos.
Los obreros de la construcción tampoco parecen ser argentinos de bien. Muchos votaron al Presidente, pero hoy están desempleados porque la obra pública se frenó: no se construyen viviendas, ni rutas, ni escuelas.
Los comerciantes que cerraron en Posadas y en tantas ciudades del país tampoco. Sus trabajadores —empleados de comercio, del hipermercado o de negocios que bajaron la persiana— tampoco parecen entrar en la categoría, porque la recesión golpea con fuerza al consumo, venden menos, cierran o despiden.
Los inmigrantes tampoco. El Gobierno los señaló varias veces en el debate público vinculándolos con la inseguridad o demanda sobre los servicios del Estado. Y resulta llamativo, porque Misiones es una provincia construida por inmigrantes.
Los científicos del CONICET tampoco. Fueron acusados de vivir del Estado, de investigar temas inútiles y de formar parte de un sistema parasitario.
Los artistas y el mundo de la cultura tampoco. El Presidente ha sostenido que el Estado no debe financiar el cine, el teatro ni ninguna otra expresión cultural, y ha cuestionado duramente a actores y músicos que criticaron su gestión.
Los docentes y el sistema universitario público tampoco han escapado a los ataques. En Misiones, apenas asumió el Gobierno nacional eliminó el FONID, un componente clave del salario docente. Les metió la mano en el bolsillo, literal.
Los sindicatos y los trabajadores organizados tampoco. Para el Presidente, buena parte de la dirigencia sindical forma parte de la “casta”.
Los jubilados que protestan por sus haberes tampoco parecen entrar en la categoría. Son uno de los sectores más golpeados por la pérdida de poder adquisitivo y, cuando salen a reclamar, muchas veces terminan recibiendo palos de la Gendarmería.
Los movimientos sociales y las organizaciones territoriales tampoco. Fueron señalados como intermediarios del asistencialismo, aunque los programas sociales siguen aumentando hasta seis millones de personas.
Los ambientalistas menos. En un país donde el gobierno promueve una explotación más intensiva de los recursos naturales y cuestiona regulaciones ambientales, quienes defienden bosques, ríos o biodiversidad suelen ser presentados como un obstáculo para el progreso. En Misiones, donde se conserva uno de los últimos grandes remanentes de selva paranaense del continente, esa discusión no es menor.
Y así, la lista se vuelve cada vez más larga.
Si todos estos grupos no son argentinos de bien, entonces la pregunta es inevitable: ¿quiénes lo son? ¿A quién defiende realmente el presidente Milei?
¿Defiende a los argentinos de bien… o defiende solamente a quienes lo aplauden y piensan como él?
Porque cada vez cuesta más encontrarlos.
El problema es que un concepto que en principio suena inclusivo se está transformando en lo contrario. En lugar de unir a la sociedad detrás de un proyecto común, termina funcionando como una frontera que separa a los que aplauden sin chistar de los que piensan distinto.
Y esa frontera parece correrse todo el tiempo.
Cada vez quedan más argentinos afuera.
Los límites de quién entra y quién queda excluido del club de los “argentinos de bien” parecen definirse de manera cada vez más arbitraria, según la conveniencia política del momento.
Si el único requisito para ser argentino de bien es no cuestionar al poder, entonces el concepto pasa a ser apenas una herramienta de disciplinamiento político.
Entonces, este Presidente que prometió combatir a la casta termina pareciéndose cada vez más a aquello que venía a reemplazar.
Porque cuando solo son “de bien” los que obedecen y aplauden, el problema ya no es quién queda afuera. El problema es lo chico que termina siendo el país que queda adentro.
*Director de Misiones Opina





OLGA says:
Buen domingo!!!
En síntesis la Basura más Grande del Mundo es ÉĹ..y sus secuaces,q cada día están dando notas de CORRUPCION -TAL CUAL ES ÉL- mejor ni enumerarlos xq me ataca la gastritis;q se revuelquen en su propio excremento!!…