Milei y el naufragio de la educación pública

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

Por Matías Pintos*

La 4° Marcha Federal: el último grito de una universidad que se niega a hundirse

Argentina siempre tuvo una brújula que la distinguía del resto de la región: la convicción de que el hijo de un trabajador podía ser médico, ingeniero o científico. Esa promesa, que se sostuvo frente a crisis y dictaduras, hoy cruje bajo el peso de una motosierra que no distingue entre el despilfarro y el futuro. La universidad pública no es un gasto en una planilla de Excel; es el lugar donde los argentinos nos encontramos como iguales. Ver hoy a nuestros docentes, aquellos que dedican su vida a formar a las próximas generaciones, percibiendo salarios que no alcanzan para cubrir la canasta básica, no es solo una injusticia laboral. Es un mensaje de desprecio hacia el conocimiento.

Caminar por los pasillos de nuestras facultades hoy es sentir el frío de la incertidumbre. No es solo la falta de presupuesto para pagar la luz; es el apagón de las expectativas de miles de jóvenes que ven cómo su única escalera al progreso se está desmoronando. Cuando se asfixia a la universidad, no se castiga a una "casta", se castiga al pibe que viaja dos horas para estudiar y al país que necesita de esa inteligencia para no ser solo una exportadora de materia prima.

Defender la educación pública es, en el fondo, un acto de amor propio como sociedad. No podemos permitir que la universidad se convierta en un recuerdo de lo que alguna vez fuimos. El ajuste pasará, pero el daño de una generación sin maestros y de aulas vacías será una cicatriz que la Argentina no podrá borrar fácilmente.

Mantener las aulas abiertas no era solo una cuestión de presupuesto, sino un pacto con el mañana. Hoy, cuando el silencio reemplaza al debate y la incertidumbre le gana a los proyectos, entendemos que lo que está en juego no es solo un edificio o una carrera. Al pausar el futuro de miles, el plan de Milei está borrando la única herramienta que permitía a los hijos de los trabajadores soñar con un destino distinto. Sin universidad pública, el país no solo pierde profesionales; pierde su capacidad de imaginar que un futuro mejor es posible para todos.

*Abogado y periodista, especialista en familias, género y violencia

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