La espalda herida: el abismo entre el raído del mensú y el deslome de Adorni
Por Jorge Gómez*
En estas reflexiones que buscan un poco de sensatez, no nos ocuparemos del posible delito; de eso se encargará la justicia. Aquí hablaremos de la profanación de la palabra "deslomarse" como falacia política. En la semántica del poder, las palabras suelen ser las primeras víctimas. Recientemente, un alto funcionario nacional justificó un viaje de lujo a Nueva York —con avión presidencial, viáticos millonarios y entorno familiar incluidos— afirmando que asistía allí a "deslomarse trabajando". Para cualquier habitante del Litoral, para quien conozca la historia de los mensúes o los quebrachales de La Forestal, esta frase no es una simple exageración: es una falacia ética y un insulto a la memoria colectiva del hambre.
El peso de la columna frente al privilegio
La historia del noreste argentino no se escribe con tinta, sino con sudor, tanino y sangre. Es una crónica que viaja en la caja de camiones destartalados y se interna en los yerbales de Misiones o los campos de cebolla en el sur de Brasil. Cuando Alfredo Varela describe en El río oscuro el andar del mensú, no habla de fatiga de agenda ni de jet lag. Habla de columnas vertebrales crujiendo bajo el peso del "raído", esos fardos de cien kilos que deformaban el cuerpo hasta convertirlo en una herramienta descartable.
Ya en 1914, el informe de José Elías Niklison le ponía rigor científico a esta tragedia: el trabajo en el Alto Paraná no era una "semana intensa", era un sistema de esclavitud por deuda donde el hombre era una propiedad del latifundio. Hoy, ese sistema sobrevive bajo nuevas formas de precariedad en los "trabajadores golondrina". Allí, el "deslome" no es una metáfora de oficina; es el hacinamiento en galpones, la retención de documentos y el agotamiento físico que consume hasta la última fibra. Refutar al funcionario es simple: no hay deslome posible cuando el cuerpo está rodeado de confort.
El rugido de los camiones y la lírica del dolor
La tragedia de Salto Encantado en 2013 es el recordatorio más sangriento de lo que significa "poner el cuerpo". Allí, cinco tareferos —incluyendo adolescentes— perdieron la vida al volcar un viejo camión Ford 7000 que los transportaba como ganado. Viajar sobre la carga, en una carrocería sin barandas ni seguridad, es la antítesis del viaje oficial en clase ejecutiva.
La música de Ramón Ayala, en su himno El Mensú, ofrece la prueba estética de este agravio. Cuando su letra reza:
"Río viejo que bajando vas / quiero ir contigo en busca de hermandad / paz para mi tierra cada día más / roja con la sangre del pobre mensú"
describe una condición existencial, el surco de un "látigo cruel" que muerde la carne. Para un misionero que sabe que un "raído" pesa 100 kilos y que la espalda es el único soporte de la familia, escuchar a un vocero usar ese término desde Manhattan es percibir un chiste de mal gusto.
Si las palabras y la música no bastaran, habría que obligar al funcionariado a mirar Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril. Allí, la imagen del hombre enterrado en el barro, quebrado por el esfuerzo y castigado por el capanga, ofrece una lección de historia que ningún viático puede comprar. Esa película debería ser de visualización obligatoria en los despachos oficiales antes de que cualquier ministro se atreva a secuestrar una palabra que le pertenece al pueblo sufriente.
Conclusión: La deuda que no es viático
La falacia radica en equiparar el estrés del privilegio con el agotamiento de la supervivencia. Mientras el mensú de Ayala se interna en el monte para no volver, el funcionario viaja con retorno garantizado y comodidades de élite.
Integrar estos relatos es un acto de justicia histórica. No se puede usar el lenguaje del dolor para validar el beneficio personal. El "deslome" es una marca en la carne y una herida abierta en la historia del Litoral; usarlo como un eslogan de viaje es, en última instancia, una forma de seguir explotando a quienes ya lo dieron todo. La sensatez exige devolverle al trabajador su palabra y al funcionario su espejo: uno carga el raído de la historia, el otro apenas el peso de su propia frivolidad.
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Mario Galeano says:
Excelente nota ..Para guardar como testimonio temporal de estos atribulados tiempos..Que bien…!
OLGA says:
Q buena …y diría EXCELENTE NOTA, como para q recorra y llegue a los oídos de este tipo q se cree SUPREMO todos….pero seguramente le resbalar como a otr@s tantos…
Mauro says:
Excelente descripción de todo el arco político de ahora y siempre!!