A 50 años del golpe

Conocé testimonios del horror en Misiones

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

El 24 de marzo de 1976 amaneció en Misiones con una calma engañosa. En el barrio Retiro, de Montecarlo, Nuria Allou, una joven de apenas 16 años, se ocupaba de las tareas del hogar mientras cuidaba a su bebé de once meses. Su compañero, Juan, se había ido a trabajar temprano. Para ellos, era un miércoles más; para la historia argentina, era el comienzo de la etapa más oscura.

La noticia no le llegó a Nuria Allou por la radio, sino a pie. Aníbal, un compañero de la Escuela Normal, golpeó su puerta con la urgencia de quien ya conoce el miedo. “Parece que te van a ir a buscar, hubo un golpe de Estado”, le advirtió.

Nuria, con la ingenuidad propia de la adolescencia, no terminaba de dimensionar el peso de esas palabras. Su respuesta fue un acto de cotidianeidad frente al abismo: se puso a limpiar la casa, a lavar y planchar la ropa.

“¿Por qué te van a hacer algo si vos no hiciste nada?”, le diría más tarde su esposo, buscando consuelo. Pero en el esquema del terror, “hacer algo” era ser presidenta del Centro de Estudiantes o colaborar con el sacerdote José Czerepak en los barrios humildes, ayudando a los trabajadores del packing de naranjas. Para la dictadura que nacía, la solidaridad era un delito.

A las ocho de la noche, el sonido de un motor rompió el silencio del barrio. No fue un camión del Ejército, sino el móvil policial. Al frente del operativo estaba Don Berón, un vecino del barrio y padre de una amiga de la escuela de Nuria.

La escena rozaba el absurdo: mientras su marido discutía con el policía -un conocido de toda la vida-, Nuria se vestía para lo que creía sería una breve diligencia. “Me puse mi mejor ropita, una pollera paisana en vez de un pantalón, fijate la mentalidad ingenua que uno tenía”, recuerda hoy la doctora Allou.

El recorrido del móvil fue una recolección de ausencias. Pararon en lo de los Ledesma buscando a Cachito, quien había muerto meses antes en un accidente. Como no estaba, se llevaron a su hermano Juan, un trabajador que nada tenía que ver con la militancia. La lista ya estaba confeccionada; el plan sistemático estaba en marcha.

El sótano de la memoria

Al llegar al lugar de detención, Nuria se encontró con el espejo de su comunidad: su profesor de Historia, su maestra de primaria, colegas y amigos. A medianoche, las mujeres fueron trasladadas al Escuadrón 10 de Gendarmería en Eldorado. Allí, bajo las luces de los faroles, vieron la imagen que definiría la época: filas de hombres contra la pared, con los brazos en alto, de espaldas al mundo.

El destino final en sede de Gendarmería Nacional fue un sótano, un depósito de mercadería de contrabando lleno de bolsas de harina y yerba, debajo del escritorio del comandante. En ese espacio ínfimo, Nuria y sus compañeras descubrieron, a través de una pequeña mirilla, que no estaban solas: en un habitáculo minúsculo, el padre José Czerepak estaba cautivo.

Nuria recuperó la libertad tiempo después, pero la dictadura no se retiró de su vida fácilmente. Cada vez que intentaba retomar sus estudios en la nocturna, llegaba la notificación: “Libertad vigilada”.

Hoy, décadas después y convertida en abogada y ex jueza, Nuria logró transformar aquel dolor en un acto de justicia. Gracias a su persistencia, el Escuadrón 10 de Eldorado fue señalizado como sitio de la memoria.

"El golpe fue un capítulo de la destrucción agraria"

El sector agrícola históricamente ha sido uno de los que mayor impacto recibe en las crisis. Tanto en lo económico como en lo político, los productores de las provincias, como Misiones, sufren las decisiones que se toman en escritorios a miles de kilómetros, sin más opción que intentar, una vez más, sobrevivir.

El golpe militar del 76 representó para los productores misioneros, otro de los graves saqueos que el gobierno nacional de turno impulsó contra el sector agrícola. Uno más que se sumó a los anteriores –como el de la Masacre de Oberá en el 36– y posteriores –como la crisis y tractorazo del 2001– hasta la actualidad, donde el panorama de desolación vuelve a repetirse.

Al respecto, el referente productivo Hugo Sand rememoró el golpe, al cumplirse 50 años, y analizó los diferentes embates que debieron –y deben– pasar los colonos para tratar de llevar el pan a la mesa.

En diálogo con El Territorio, destacó la importancia de hablar del tema, principalmente en escenarios de crisis, para que la memoria siga viva, punto esencial para no volver a repetir la historia.

“El golpe militar del 76 es la injerencia del poder político y del poder económico irrumpiendo gobiernos democráticos. Entonces podemos decir que es un capítulo más de una larga historia de las luchas agrarias, que tiene sus orígenes mucho antes”, señaló Sand.

Seguidamente, añadió: “Acá en la provincia de Misiones arranca en 1925 cuando Marcelo T. de Alvear obliga a los colonos a plantar yerba. Ahí se ve cómo la política del gobierno nacional incide en los agricultores. Después podemos ver otro proceso en la Masacre de Oberá el 15 de marzo del 36. Son distintos capítulos y el golpe militar es un capítulo más de todo esto”.

Un poco de historia

Sand contó que, en el año 1978, específicamente el 1 de junio, en plena dictadura militar, se pone en funcionamiento el proyecto para el desarrollo integrado de la provincia de Misiones. En ese programa, se indicaba que los colonos eran propietarios de explotaciones minifundistas e ineficientes y debían permanecer como mano de obra rural o incorporarse como mano de obra en las grandes empresas o de las granjas. Así también, los impulsaba a trasladarse a los centros urbanos para incorporarse como mano de obra al sector servicios o a la industria. O debían transformarse en rentistas a través de la inversión del producto de la venta de su explotación en el mercado financiero provincial.

“Con esto, ya estaba toda escrita la política económica agraria en la provincia de Misiones. Por eso tenemos luego las villas miserias, por esa parte en la que dice que debemos incorporarnos o trasladarnos a los centros urbanos. Con eso va a haber lógicamente un crecimiento de las villas miseria y eso se cumple sistemáticamente desde aquel momento hasta ahora”, adujo el productor.

Hugo Sand, referente de APAM

Asimismo, el plan establecido determinaba que las industrias, por ejemplo, debían ser organizaciones de cadenas comerciales integradas en forma vertical para transmitir rápidamente los impulsos desde el consumo hasta el productor.

“Y ahora tenés las grandes empresas que cumplen el mismo objetivo, porque están integradas totalmente. Tienen las tierras, tienen las plantaciones, tienen las máquinas cosechadoras de yerba, tienen los secaderos, tienen los molinos, tienen las cadenas de distribución. Pero no distribuyen equitativamente las ganancias”, señaló Sand. Y aclaró: “Entonces, el capítulo del golpe militar en el agro fue la continuación de todo este proceso y el afianzamiento de este sistema político”.

El referente agrario remarcó además que este proceso no terminó con el regreso a la democracia, sino que continuó con gobiernos de derecha y ultraderecha , como con el ex presidente Carlos Menem “al destruir las estructuras que tenían los colonos que era la Crym y el mercado consignatario; los militares no se animaron a destruir eso, pero sí un gobierno democrático de ultraderecha lo hizo”. Como se recordará, esta situación dio origen al tractorazo y posterior creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym), organismo que nuevamente es condicionado por el gobierno nacional de Javier Milei.

“Es irresponsable por parte de Milei destruir el Instituto para nuevamente obligarnos a caer en manos de las grandes empresas que están en una posición dominante en el mercado. Por eso, no podemos analizar solamente el golpe militar del gobierno de hace 50 años. Eso es un capítulo de una larga historia que se va repitiendo constantemente”, puntualizó.

“Vienen a destruir estructuras como la Crym, el mercado consignatario, el Inym, para que el pueblo quede indefenso y tenga que entregar su tierra, malvender su chacra. Van cumpliendo lo que decía aquel documento, el proyecto para el desarrollo integrado de Misiones”, agregó.

Repetir el escenario

Hugo Sand recordó que en medio de todos esos ataques a la producción, hubo colonos que fueron asesinados. Algunos de ellos, fueron reconocidos por nombre y apellido, pero muchos otros murieron en el anonimato, perseguidos y torturados.

Pedro Peczak fue uno de los casos emblemáticos de la dictadura. Una comisión policial fue tras él, por ser el personaje político gremial más grande de Misiones. Lo capturaron el 23 de noviembre de 1976 y un mes más tarde, entregaron el cadáver a la familia.

Ya mucho antes, en 1936 había hecho algo similar en la Masacre de Oberá, con la diferencia de que a los colonos –que reclamaban un valor justo para la producción– los esperaron y tirotearon a traición, tanto policías como civiles. Decenas de muertos, torturados y desaparecidos, tanto hombres, como mujeres e incluso niños, fue el resultado de la mayor masacre de la historia provincial.

“Los colonos solamente pedían que les paguen mejor, no querían hacer un cambio de estructuras políticas, querían llevar el pan a sus hogares”, puntualizó Sand.

Mientras, añadió: “Es lo mismo que ocurre ahora, porque el mercado es el mismo. Es un mercado imperfecto donde tenemos 13.500 productores por un lado y por el otro, tenemos dos o tres grandes empresas. La única forma de poder distribuir equitativamente las ganancias y que el capitalismo derrame beneficios es poniéndole límites, porque por voluntad propia no lo van a hacer; para ello necesitamos leyes”.

“Nosotros, los colonos, lo que estamos necesitando son leyes que nos contengan, que fijen límites al capitalismo tan agresivo que tenemos. Es lo único que estamos pidiendo. Poder vivir dignamente. Y eso era lo que venían haciendo los colonos tabacaleros en el 36, venían a reclamarles a los compradores de tabaco que no le estafen con el precio. Pasó en el 2001 también con los vales de comestibles y combustible, todos papelitos pintados que nos daban los industriales. Y ahora vuelve a pasar lo mismo. No es poca cosa lo que está haciendo Milei con apoyo de manitos levantadas”, sostuvo.

Rescatar la memoria

El referente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (Apam) aseveró que en todo este tiempo, “políticamente no se aprendió nada, el pueblo no ha aprendido, porque esto ya pasó. ¿Qué cuesta agarrar un libro? ¿Qué cuesta agarrar un diario de los que ustedes escriben? Ahí está toda la historia de Misiones, con un gran trabajo del periodismo, de los movimientos sociales para recordar estos momentos. Y bueno, ahora a 50 años del golpe y poco más de lo de la masacre, volvemos a hablar de lo mismo y parece que estamos hablando de la actualidad. No estamos hablando de historia, estamos hablando de lo que te pasa hoy”.

“No hay diferencia de agarrar un diario de hace 50 años y de agarrar un diario hoy. La historia se repite constantemente y lo lamentable es que nosotros no tenemos memoria y eso es peligroso. Creo que es importantísimo rescatar la memoria, aunque duela, hay que decir estas cosas”, concluyó.

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