Pérdida de salario
Con el sueldo actual se compran 21 kilos menos de asado que en 2023
El poder de compra del salario frente a uno de los productos más emblemáticos de la mesa argentina volvió a encender el debate económico. Según datos comparativos recientes, hoy se pueden comprar alrededor de 21 kilos menos de asado al mes que en 2023, lo que refleja una pérdida concreta en la capacidad de consumo.
La comparación surge de contrastar el salario registrado con el precio del kilo de asado en dos momentos distintos. En noviembre de 2023, con un sueldo promedio de $447.079, se podían adquirir aproximadamente 123,6 kilos de carne. En cambio, para febrero de 2026, con un ingreso promedio de $1.734.357, el poder de compra cae a 102,9 kilos. La diferencia es de unos 21 kilos menos de asado al mes.
Este deterioro se explica por la aceleración del precio de la carne, que creció por encima de los ingresos. En los últimos doce meses subió 70%. Mientras el salario aumentó nominalmente, el kilo de asado pasó de $3.617 a más de $16.800, lo que impactó directamente en el consumo.

El fenómeno no es aislado y se refleja también en las estadísticas de consumo. En 2023, los argentinos consumieron 53,4 kilos de carne vacuna por habitante, según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA). Sin embargo, en 2024 ese número cayó a 47,4 kilos, y en 2025 apenas se recuperó a 49,5 kilos por persona.
Estos niveles marcan un retroceso histórico. Para encontrar cifras similares hay que remontarse a la década de 1920, cuando el consumo rondaba los 46,9 kilos por habitante, de acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.
La caída del consumo de carne vacuna, históricamente uno de los pilares de la dieta argentina, muestra cómo el encarecimiento relativo del producto fue modificando hábitos alimenticios. En este contexto, el asado —símbolo cultural y social— se vuelve cada vez menos accesible para amplios sectores de la población.
Así, más allá de las discusiones políticas o económicas, los números reflejan una tendencia concreta: hoy el salario rinde menos frente a la carne que hace apenas tres años, y eso ya se traduce en menos consumo en la mesa de los argentinos.
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