Militando por un like

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Imagen ilustrativa. / Foto: MisionesOpina

Por Matías Pintos*

Bienvenidos a la era del "Estado de Influencers", donde el éxito de una gestión ya no se mide en problemas resueltos, sino en el alcance orgánico de un posteo y en los filtros aplicados. La política tradicional ha muerto; larga vida al feed de Instagram. Hoy las instituciones no necesitan técnicos eficientes ni funcionarios con calle; necesitan directores de fotografía y asesores de iluminación.

El protocolo de la gestión moderna es una obra de arte del cinismo. El funcionario promedio ya no camina el barro para solucionar una emergencia; lo hace para generar contenido. La rutina es previsible: el auto oficial frena lejos del barro, el dirigente desciende con expresión de preocupación ensayada, abraza a un vecino vulnerable con la distancia justa para el encuadre, y el fotógrafo gatilla. Jornada laboral cumplida. El político regresa a su oficina climatizada a monitorear los "me gusta", convencido de que su foto salvó a la patria. Si la cloaca sigue rebalsando es un detalle menor; lo importante es que el tuit fue tendencia. La realidad se convirtió en el decorado de su campaña permanente.

El absurdo alcanza su punto máximo con la famosa "foto de mesa de directorio". Las redes se inundan de imágenes de funcionarios posando con carpetas abiertas y caras de concentración, festejando sus reuniones como si fueran un mérito extraordinario o un acto de caridad. Les pagamos el sueldo para que se reúnan. En cualquier laburo del mundo real, asistir a tu puesto de trabajo no es un logro: es el requisito mínimo para que no te echen a patadas al día siguiente. Pero ellos confunden el diagnóstico con la cura. Creen que firmar un acta o posar alrededor de una mesa redonda equivale a solucionar el problema, cuando el verdadero trabajo —el gran DEBO de la política— empieza recién cuando se levantan de la silla.

Abajo, la militancia entendió rápido el juego. ¿Para qué abrir un comedor comunitario o embarrarse las zapatillas en una sociedad de fomento si podés ser un héroe de la causa desde la comodidad del sillón? Nació así el militante de escritorio, un estratega del teclado que combate el hambre a fuerza de etiquetas en tendencia y bloqueos en masa. Estos soldados digitales libran batallas épicas contra cuentas anónimas, celebrando victorias imaginarias mientras la gente real, la que no tiene tiempo de mirar las redes porque busca un segundo empleo, sigue desamparada. Para esta militancia premium, el dolor ajeno es solo un insumo discursivo para ganar una discusión virtual y mendigar el "me gusta" del jefe de turno.

La política del "me gusta" vive en un termo de cristal blindado. Creen que el país real es el que leen en sus burbujas de filtros, donde todos se aplauden entre sí ante auditorios vacíos. Están tan ocupados mirando la pantalla que no ven venir el choque de frente contra la realidad. Gobernar, aunque les pese a sus asesores de imagen, sigue siendo resolver. El vecino que sufre no come bytes, no se cura con emoticones ni se protege con un hilo explicativo en internet. Sigan jugando a los influencers; sigan militando por el like. El problema de vivir pendientes del algoritmo es que las urnas no tienen botón de "reproducir", y el desprecio de la gente común no se soluciona bloqueando al usuario.

*Abogado y periodista especializado en familias, géneros y violencias

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