El misionerismo en la burbuja del poder
Por Luis Huls*
El sector alineado bajo la tutela de Carlos Rovira, que ahora se denomina Encuentro Misionero, el año pasado en las elecciones de junio obtuvo 28 puntos a través de una lista con fuerte presencia de los Neo, denominada “El Blend”, derrotando a La Libertad Avanza y a Ramón Amarilla.
Por su parte, el sector de los intendentes cuya mayoría ahora se identifica con Passalacqua, el año pasado en las elecciones de octubre alcanzó 30 puntos apoyando a Herrera Ahuad como principal candidato, quedando segundo detrás de LLA.
En los dos resultados de 2025 se trató del mismo espacio político, sin embargo, en las últimas semanas, dos facciones expusieron sus diferencias a la vista de todos. Como ocurre en los mares donde confluyen aguas de distintos ríos, el misionerismo reúne sectores que conviven dentro de un mismo espacio, aunque mantengan identidades distantes.
Lo paradójico es que se pone tanto empeño en debatir por solo 30 puntos electorales con miras a 2027, mientras que afuera del espacio existen otros 70 puntos dispersos que podrían poner en riesgo la continuidad del Gobierno si alguno de los opositores logra unirlos bajo una misma bandera política/electoral.
Entonces, si adentro discuten por 30 puntos y afuera hay 70, emerge un concepto que puede servir para entender lo que ocurre: la burbuja del poder. Se podría decir que el misionerismo está teniendo discusiones dentro de su burbuja, de la burbuja del poder, poniendo temas de su agenda propia y particular en la agenda de la sociedad.
Esto fue lo que ocurrió en la reunión de intendentes, el martes de Ruíz de Montoya, donde se mencionó a Hugo Passalacqua como máxima autoridad política del espacio, un mensaje que se interpretó dentro del oficialismo como un desafío a quien condujo históricamente. Pero no quedó solo ahí: unos días antes, el intendente Carlos Koth de Puerto Rico, y presidente de la CODEIM, afirmó que “la mayoría” respaldaría una eventual reelección del gobernador. Un día después de esa reunión, el ministro “Kako” Sartori dijo más o menos lo mismo.
Y allí aparece una ruptura con la lógica histórica del espacio: los gobernadores administraban; Rovira conducía.
La reunión aislada es la foto, pero la película completa es el oficialismo atravesado por tensiones internas que comenzaron a hacerse visibles a cielo abierto. Primero las declaraciones de Koth hablando en nombre de la mayoría de los intendentes, luego la firma de un documento muy elocuente a favor de Passalacqua y, un día después, Sartori ratificando una eventual reelección para 2027 del Gobernador.
Passalacqua nunca habló públicamente de querer una reelección y eso lo preserva. Pero dirigentes de su máxima confianza sí lo hicieron.
El misionerismo no es el único espacio que cae en esta tentación de exponer sus tensiones, lo hizo el macrismo, el kirchnerismo en sus años de gobierno y en esta etapa lo está haciendo el gobierno nacional libertario con sus internas a la vista de todos.
Pero sus dirigentes deberían evitar que se siga propagando porque implica un riesgo político grave: creer que la agenda pasa solo por temas institucionales y tomar una cierta distancia de la realidad de la mayoría de la gente que no está en esa burbuja. Y que las discusiones de palacio ocupen la centralidad.
Porque nadie puede negar que durante la última semana gran parte de la discusión pública del oficialismo giró alrededor de liderazgos, posicionamientos internos y señales de poder, mientras miles de familias siguen preocupadas por el costo de la energía, el empleo, el acceso a la vivienda o el deterioro del poder adquisitivo.
La respuesta desde Encuentro Misionero a la cumbre de Ruiz de Montoya no tardó en llegar. En la previa del jueves, y en el documento difundido el sábado, se habló de una nueva etapa política, “horizontal”, “amplia” y “sin jerarquías”, se planteó limitar reelecciones indefinidas y se insistió en que el próximo candidato surgirá de ese nuevo esquema.
El movimiento político de Rovira fue inteligente: correrse formalmente de las candidaturas personales para mostrarse por encima de la disputa. Aunque nadie dentro del oficialismo —ni fuera de él— desconoce que sigue siendo el principal ordenador político del espacio. Él mismo lo recordó al reivindicar su rol en la nominación de cada uno de los gobernadores anteriores.
Sumado a ello, la intendenta de Santa Ana, Mabel Pesoa, lanzó una estocada letal a la juntada del martes, asegurando que “nos equivocamos”, reconociendo la conducción política de Rovira como “única”, sin discusión ni competencia; y dando a entender que los intendentes “cuando hay púa” se confunden. La lectura política que quedó flotando es que Koth y Kako Sartori no les dieron la información completa a los alcaldes sobre el motivo de la convocatoria. O al menos, no a todos. De hecho, algunos que estaban bien informados, prefirieron no exponerse y faltaron.
En definitiva, los misioneros observaron durante semanas una discusión interna del poder desarrollándose en público. Y ese quizá sea el principal problema: no tanto que existan diferencias —algo natural en política— sino que el oficialismo haya quedado absorbido por debates que poco tienen que ver con las urgencias sociales.
La política pierde perspectiva cuando empieza a discutir sucesiones antes que soluciones.
Misiones atraviesa un contexto económico complejo. La sociedad viene enviando señales de desgaste con el poder político tradicional desde 2023. Primero fue el voto nacional a Milei. Después, el crecimiento provincial de LLA. Hay un malestar real con la dirigencia y con cierta idea de “casta” política que no se ocupa de las urgencias cotidianas.
En ese escenario, cualquier discusión prematura sobre candidaturas, liderazgos o reparto de poder corre el riesgo de sonar ajena, lejana e incluso ofensiva para una sociedad que espera respuestas más concretas, antes de pensar en la pelea por la gobernación en 2027.
Passalacqua y Rovira tienen experiencia de sobra para entenderlo. Gobernaron durante años y conocen mejor que nadie los ciclos del poder.
Falta todavía un largo trecho para el próximo recambio institucional y la sociedad tiene otros intereses urgentes, así como necesidades reales vinculadas a la heladera y a la cocina, y además tiene cada vez menos paciencia para estos deslices inoportunos.
La política tiene derecho a discutir liderazgo y lo seguirá haciendo, gobierne quien gobierne, lo que no puede hacer es convertir esa discusión en el centro de la agenda mientras la realidad social transcurre por otro carril.
Cuando el poder habla demasiado de sí mismo, se encierra en su burbuja y deja de escuchar al resto de la sociedad.
*Director de Misiones Opina
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OLGA says:
Buen domkngo Patrio Gente!!????????????????????????
Estos no quieren soltar la teta,ni les interesa si la gente tiene un plato de comida a la mesa o un lugar donde cobijarse del frío o calor,total ellos tienen todas sus comodidades.Veremos ahora q sucede con «los supuestos aumentos y demás a los Jubilados y Pensionados a fin de mes»
Q tengan un Excelente Día!!!