La soledad de los espejismos
Por Matías Pintos*
La política argentina, históricamente generosa en tragedias, parece estar gestando un nuevo capítulo de implosión. No es solo el fracaso de una planilla de Excel o la caída de los indicadores económicos lo que hoy asfixia al Gobierno; es la metástasis de un sistema que prometió moralidad y hoy se ve acosado por denuncias de corrupción sistémica que manchan a sus figuras más visibles.
El "fenómeno Milei", que nació como un grito de rebeldía, hoy parece extraviado en sus propios laberintos.
Resulta imposible no trazar un paralelismo histórico: la influencia absoluta de Karina Milei sobre el Presidente evoca, con una simetría inquietante, la sombra de López Rega de hace medio siglo. Ese entorno hermético, donde la lealtad familiar desplaza a la pericia política, está empujando al país hacia un desastre que ya no se puede ocultar con retórica de redes sociales.
Lo más sintomático, sin embargo, es el silencio. Esa "calle libertaria", que alguna vez fue un rugido estruendoso, hoy se llama a sosiego.
La desaprobación de la gestión ha alcanzado niveles críticos, superando en algunos sondeos el 60% de rechazo. Los que confiaron, hoy callan; no porque hayan cambiado de bando, sino porque el régimen que defendían se ha vuelto indefendible. Estamos ante el fin de un espejismo: cuando la economía se destruye y la ética se negocia, lo que queda es solo el vacío del poder.
*Abogado y periodista
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