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El consumo de carne vacuna a nivel nacional cayó a 47,5 kilos por habitante al año. Se trata del registro más bajo de las últimas dos décadas, ubicándose un 6,1% por debajo del mismo período del año anterior. La explicación técnica detrás del fenómeno combina dos factores determinantes: la pérdida del poder de compra real y el encarecimiento de la carne vacuna frente a otras fuentes de proteína que actúan como sustitutos directos, como el pollo y el cerdo.

A este diagnóstico macroeconómico se suman los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que ubicaron a los productos cárnicos entre los rubros alimenticios con mayores incrementos durante el primer tramo del año. Esta evolución de precios terminó por condicionar las decisiones de los hogares, consolidando un perfil de consumidor mucho más selectivo y calculador al momento de pararse frente al mostrador de la carnicería.

El termómetro local: el día a día en el Mercado Concentrador de Posadas

Para entender cómo impactan estos números en la provincia, basta con recorrer las instalaciones del Mercado Concentrador Zonal de Posadas. Allí, los comerciantes locales describen un escenario donde, si bien la demanda se sostiene, las operaciones se realizan bajo volúmenes visiblemente menores. El cliente de hoy busca promociones y muestra una marcada preferencia por los cortes más accesibles para la economía del hogar.

Jorge González, responsable de la caja de la firma local La Misionerita dentro del sector cárnico del predio posadeño, graficó el comportamiento actual del mercado: "Hoy estamos en el día a día. Entre semana la venta está tranquila y recién el fin de semana se mueve un poco más porque la gente compra para esos días".

Según el comerciante, la carne acumuló subas de entre el 25% y el 30% en lo que va del año, lo que forzó una reconfiguración de las elecciones de los clientes. "Lo que más busca la gente son los cortes económicos. Tenemos aguja con marucha, paleta, osobuco y un pucherito económico que vendemos a 2.500 pesos el kilo", detalló.

La brecha de precios marca la pauta del consumo semanal. Actualmente, en los boxes del mercado la aguja con marucha se comercializa a $11.900 el kilo, la paleta a $12.700, la chuleta de novillito a $12.500 y el osobuco a $11.000.

El impacto de la retracción del consumo también se siente de manera directa en el abastecimiento logístico. González reconoció que debieron ajustar las cantidades que reciben debido a la menor salida de mercadería: "Antes bajábamos cinco o seis medias reses por semana y ahora estamos entre tres y cuatro. Bajó mucho el consumo".

Comidas de olla para la semana y el asado como excepción de sábado

Una perspectiva similar aporta Marcelo, a cargo del Box 2 del mismo Mercado Concentrador. Si bien destaca que el mercado ingresó recientemente en una etapa de mayor estabilidad de precios respecto a las fuertes subas del verano, advierte que el consumidor administra rigurosamente cada centavo.

"Entre semana sale mucho todo lo que es para puchero, sopa o guiso: carnes con hueso, paleta, aguja y osobuco. Después, cuando llega el viernes o el sábado, la gente lleva costilla o vacío para la parrilla", observó, marcando cómo las bajas temperaturas estacionales direccionan las compras hacia los cortes de rendimiento para la olla, donde el puchero común se ofrece a $4.000 el kilo y la aguja a $9.500.

El cambio conductual es evidente. Los comerciantes coinciden en que conviven dos tipos de estrategias en las familias: aquellos que compran diariamente solo lo justo y necesario para la comida del día, y quienes asisten una vez a la semana para stockearse de manera planificada. En ambos casos, el denominador común es el cuidado estricto del presupuesto.

Cuando llega el fin de semana, el ritual del asado intenta resistir, aunque con volúmenes más magros. Los mostradores ofrecen la faldita a $11.500, la costilla de novillo a $12.500 y la costilla especial de novillito a $17.000, destacándose que se trata de producción e industria de la zona. Para los cortes de ternera, los valores ascienden a $18.000 la costilla especial y $19.500 el vacío por kilo.

Alitas de pollo y cerdo: las alternativas que ganan terreno en los barrios
Fuera del ámbito del Mercado Concentrador, en las carnicerías y autoservicios de los barrios posadeños, el panorama se complejiza aún más. Luciano Rodríguez, responsable de un autoservicio capitalino, admitió que la recaudación de los comercios se ve resentida debido a que las ventas se concentran casi exclusivamente en los eslabones más económicos de la cadena alimentaria.

"En los barrios es muy común que la familia con muchos hijos ya no compre carne roja, a menos que sea un puchero económico. Se vuelca al pollo, y últimamente la alita es una opción muy elegida", analizó Rodríguez, poniendo el foco en el valor nutricional que se pone en juego en los sectores más vulnerables en medio de la recesión económica. Ante esto, los comercios barriales apuestan a la ingeniería de los "combos y ofertas" para sostener los niveles de venta.

Desde una mirada sectorial e industrial, Gabriel Vidal Rodríguez, referente de la Cooperativa Virgen de Fátima, señaló en declaraciones periodísticas que el mercado ganadero y cárnico atraviesa una etapa profunda de reacomodamiento. Si bien evaluó de manera positiva que la reciente estabilidad de precios de los frigoríficos devolvió previsibilidad para planificar estrategias comerciales, admitió que el verdadero desafío de la cadena productiva sigue siendo cómo recuperar los niveles históricos de consumo.

En ese sentido, Vidal Rodríguez aportó un dato clave que marca la tendencia del consumo local: cada vez más familias misioneras incorporan de forma permanente la carne de cerdo como la alternativa principal en sus hogares, una sustitución que dejó de ser una coyuntura del momento para consolidarse como un nuevo hábito alimenticio estructural debido a la brecha de costos con la carne vacuna.

El asado como consumo selectivo

El escenario que describen las góndolas y mostradores misioneros no es más que el reflejo local de una tendencia que atraviesa a toda la sociedad argentina. El consumidor actual ya no compra de manera automática; compara precios, busca promociones de carnicerías locales, fracciona sus compras en cantidades más pequeñas y prioriza aquellos cortes que garantizan un mayor rendimiento para la cocina cotidiana.

El tradicional asado, pieza fundamental de la cultura e identidad de nuestra región, continúa ocupando un lugar de privilegio en el plano afectivo y social, pero la realidad económica terminó por desplazarlo de la rutina diaria. En la Misiones de hoy, el asado dejó de ser una compra habitual del menú de la semana para transformarse, en la gran mayoría de los hogares, en un consumo selectivo, reservado estrictamente para los fines de semana o para ocasiones especiales.