*Por Luis Huls
El ministro de Gabinete, Carlos "Kako" Sartori, confirmó el viernes lo que el passalacquismo sostenía en voz baja desde hacía varias semanas: que el gobernador Hugo Passalacqua no integra el partido Encuentro Misionero, nunca fue convocado a formar parte de esa estructura y no se fue del espacio político por el que fue electo en 2023. Según explicó, tampoco fue consultado sobre el cambio de nombre ni participó del proceso de conformación del nuevo sello.
Las declaraciones de Sartori llegaron apenas un día después de que Encuentro Misionero anunciara en Instagram que había concluido su inscripción ante la Justicia Electoral provincial y federal, presentándose como una fuerza formalmente habilitada para competir en elecciones, más allá de las dudas que todavía existen sobre su situación registral y de la impugnación presentada por la Union Civica Radical. En esa publicación se mencionó a Carlos Rovira como presidente del órgano ejecutivo y se incluyó también a Hugo Passalacqua entre sus autoridades partidarias.
La incorporación del Gobernador a esa estructura —según Sartori, sin haber sido consultado ni haber prestado su consentimiento— terminó de hacer visible una tensión que desde hacía meses recorría en silencio al oficialismo. El ministro no abrió una discusión nueva: confirmó públicamente un distanciamiento que hasta entonces permanecía debajo de la superficie. La fractura quedó expuesta.
La confirmación produjo un verdadero sismo en la militancia territorial, especialmente en el interior de la provincia, donde la información política llega con demora y con menos nitidez. Durante varias horas predominó la confusión. Cientos de dirigentes de distintos municipios enviando mensajes a sus referentes para entender cuál era el nuevo escenario mientras desde Posadas no aparecía una explicación unificada del asunto.
La primera certeza es que hoy existen dos construcciones políticas diferenciadas dentro del oficialismo: una organizada alrededor de Encuentro Misionero y otra que reconoce el liderazgo político de Hugo Passalacqua.
A partir de allí se abrió un escenario de incertidumbre casi inédito desde 2003. No solamente porque el liderazgo de Carlos Rovira está siendo fuertemente discutido sino también porque existe un riesgo creciente de perder la gobernación en 2027 si la ex Renovación se presenta con dos candidatos en boletas separadas.
La segunda certeza es que Hugo Passalacqua trabaja con la decisión política de buscar su reelección por fuera de cualquier armado conducido por Rovira, aunque intentando mantener abiertos los canales de diálogo para todos aquellos dirigentes renovadores que quieran acompañarlo. En esa dirección fortaleció vínculos con intendentes, con sectores que durante los últimos años habían perdido protagonismo dentro del oficialismo y con dueños de sellos políticos que hasta ahora permanecían fuera del Gobierno.
Sin embargo, la política rara vez puede analizarse a partir de una fotografía. Se entiende mejor observando los procesos. Las declaraciones de Sartori fueron una imagen, pero el proceso político que atraviesa el oficialismo todavía está abierto y lejos de su desenlace. Las segundas líneas suelen ser las más apuradas en repartir la herencia antes de tiempo, procurando posicionarse antes de que lleguen las definiciones. Quienes conducen, en cambio, suelen manejar otros tiempos porque saben que las decisiones trascendentes aparecen cuando terminan las negociaciones, no antes.
Por eso sería un error interpretar esta disputa como el certificado de defunción del misionerismo. Hasta ahora la discusión gira alrededor del liderazgo político y del instrumento electoral con el que se afrontará la próxima etapa. Las diferencias sobre la manera de construir el futuro no implican necesariamente la destrucción de un proyecto político que durante más de dos décadas logró consolidar una identidad propia frente a las discusiones nacionales.
Entre quienes participan de las conversaciones más reservadas y determinantes comenzó a ganar fuerza otra hipótesis: que este proceso de reordenamiento desemboque finalmente en una reconfiguración política antes que en una ruptura definitiva. Claro que esa confluencia no sería una continuidad automática. Implicaría redefinir liderazgos, reordenar espacios y depurar un esquema que muchos consideran agotado.
En ese marco empieza a tomar forma una idea que hace apenas unos meses parecía improbable: que el liderazgo del próximo ciclo pueda definirse mediante una competencia interna dentro de un frente político mucho más amplio que trascienda tanto a la Renovación como a Encuentro Misionero. El instrumento electoral podrá cambiar de nombre; el objetivo seguiría siendo el mismo: preservar un proyecto político pensado desde Misiones.
Hay un tercer dato que empieza a sobresalir. Leonardo Stelatto comenzó a consolidarse como uno de los dirigentes con mayor nivel de consenso para expresar al sector que hoy no se referencia en Hugo Passalacqua. Su capital político excede ampliamente a Encuentro Misionero: nació mucho antes y por fuera de cualquier sello partidario, apoyado en una gestión municipal que le permitió construir identidad propia y un volumen electoral difícil de ignorar. Esa autonomía explica por qué distintos sectores lo observan como uno de los pocos dirigentes con capacidad para tender puentes entre ambas construcciones políticas.
Passalacqua y Stelatto comparten bastante más que un apellido de origen italiano. Ambos construyeron su capital político desde la gestión antes que desde el discurso, ejercen un liderazgo de bajo perfil y mantienen una relación personal basada en el respeto mutuo. Diversos dirigentes del oficialismo sostienen que el escenario más conveniente seguiría siendo llegar a 2027 compartiendo una misma boleta e, incluso, una fórmula integrada por ambos. Hoy no aparecen enfrentados: mantienen diálogo, se escuchan y siguen compartiendo canales de comunicación.
El viernes ambos tenían prevista una reunión que finalmente debió postergarse. Aun así hubo un breve intercambio. "Nos hablamos más adelante", dijo uno. "Ok", respondió el otro. Son dirigentes acostumbrados a administrar los tiempos políticos antes que las emociones. Entre ellos no existe una ruptura personal, sino posicionamientos distintos dentro de un proceso que todavía está en desarrollo. Nada es definitivo para dos hombres experimentados y menos en política.
Nadie desconoce que todavía quedan diferencias por resolver, espacios que reordenar y roles que redefinir. Pero tampoco son pocos los que creen que el camino terminará encontrando algún punto de convergencia, más allá del ruido cotidiano y de la ansiedad de quienes pretenden acelerar definiciones que todavía no llegaron.
Las declaraciones de Carlos Kako Sartori dejaron al descubierto una diferencia política entre Hugo Passalacqua y Carlos Rovira. Pero esa diferencia no parece extenderse automáticamente al conjunto del oficialismo. La inmensa mayoría de los intendentes, funcionarios y dirigentes sigue creyendo que la unidad continúa siendo el camino más conveniente para preservar un proyecto político que gobernó Misiones durante más de dos décadas.
En ese contexto aparece una preocupación compartida por distintos sectores del oficialismo: que una competencia interna mal administrada termine debilitando al espacio mientras La Libertad Avanza intenta consolidarse como alternativa provincial. Bajo esa lógica, el debate ya no gira solamente alrededor de los nombres, sino también sobre la capacidad del misionerismo para llegar competitivo a 2027.
*Director de Misiones Opina




