A dos días de la Nochebuena, el Shopping Plaza de Posadas está lejos de parecerse a ese escenario clásico de fin de año: personas cargadas de bolsas, compras de último momento, regalos pensados para arrancar sonrisas o ese outfit elegido con cuidado para la cena familiar. Esa postal, habitual en otros diciembres, hoy no aparece.
En cambio, el centro comercial se transformó en una especie de refugio improvisado. No para comprar, sino para respirar. Para quienes caminan por la vereda bajo un calor agobiante, el edificio con aire acondicionado se vuelve un oasis momentáneo, un alto en el camino antes de volver al asfalto ardiente del centro posadeño.
El shopping que supo desbordar de clientes hoy padece la depresión del vacío. Los pasillos amplios y silenciosos reemplazaron al murmullo constante de otras épocas. De las 51 unidades comerciales que figuran como puntos de venta, actualmente solo el 85% del total del espacio se encuentra habilitado, una señal concreta del retroceso en uno de los espacios comerciales más visibles de la ciudad.

Las causas del desabastecimiento de compradores parecen estar a la vista. Ubicado en una de las esquinas más céntricas de Posadas, el Shopping Plaza compite —y pierde— frente al comercio de cercanía. Los precios de las marcas más conocidas se vuelven un obstáculo difícil de sortear en un contexto de bolsillos ajustados. A apenas media cuadra, la misma prenda puede encontrarse a valores considerablemente más accesibles.
Una recorrida por las vidrieras alcanza para entender el fenómeno: shorts de jean a 170 mil pesos, chombas que superan los 50 mil, vestidos por encima de los 200 mil o tops de broderie para mujer a 125 mil pesos. Números que invitan más a mirar que a comprar.
Sin embargo, el consumo no desapareció: cambió de lugar y de lógica. Según datos sectoriales, las ventas reales en supermercados de prendas, calzado y textiles para el hogar registraron un crecimiento interanual del 26% en los primeros nueve meses del año. Es decir, se compra, pero fuera del shopping tradicional y bajo otras condiciones.
En contraste, las ventas reales en shoppings de indumentaria, prendas y marroquinería apenas crecieron un 1% respecto del período enero–septiembre de 2024 y cayeron un 2,2% si se comparan con dos años atrás. Un estancamiento que explica pasillos vacíos y locales a media luz, incluso en fechas clave para el comercio.
A este escenario se suma un dato clave: gran parte de esas ventas se realiza a precios por debajo de los costos, con rentabilidad negativa para los comercios. Vender ya no garantiza sostenerse. Y, además, una porción creciente del consumo se orienta a productos importados, que desplazan a la producción nacional y profundizan el deterioro del entramado productivo.
El cuadro se completa con la crisis estructural de la industria textil. De acuerdo al Boletín Económico Sectorial de la Fundación ProTejer, en septiembre de 2025 la utilización de la capacidad instalada del sector cayó al 37,1%, un nivel inferior incluso al del año de la pandemia. La cifra se ubica 14,2 puntos porcentuales por debajo de septiembre de 2024 y un 22% por debajo de septiembre de 2023. En el acumulado de 2025, la industria operó apenas al 42,7% de su capacidad.

El impacto más duro se refleja en el empleo. En agosto de 2025, el empleo asalariado registrado privado cayó un 2% respecto de diciembre de 2023, lo que equivale a 125.876 puestos de trabajo perdidos. En el sector textil, confecciones, cuero y calzado, la caída fue una de las más pronunciadas de toda la economía: un desplome del 12%, que significó la pérdida de casi 14.000 empleos.
Mientras tanto, las importaciones avanzan. Entre enero y octubre de 2025 ingresaron al país 332.696 toneladas de productos textiles e indumentaria, por un total de 1.450 millones de dólares, con un aumento interanual del 89% en cantidades y del 61% en valores.
En ese contexto, el Shopping Plaza no es un desierto absoluto, pero tampoco un espacio de consumo real. Es el territorio del “estoy mirando”, una vidriera de precios desconectados del bolsillo y un síntoma urbano de una crisis más profunda.
Un elefante blanco en pleno corazón de Posadas, que observa cómo la Navidad pasa de largo, sin bolsas, sin filas y sin apuro.
Indicadores negativos de ventas en shoppings (últimos 12 meses)
Caída interanual del consumo real: ventas medidas a precios constantes con descensos sostenidos.
Ticket promedio estancado o a la baja: el aumento nominal no compensa la inflación.
Menor afluencia de público: menos visitas por día y reducción del “tiempo de permanencia”.
Retracción en rubros no esenciales: fuerte baja en indumentaria, calzado y regalos.
Más promociones para vender menos: aumento de descuentos y cuotas sin interés sin recuperar volumen.
Suba de locales vacíos: mayor rotación y cierres.
Endeudamiento del consumidor: mayor uso de cuotas, menor compra al contado.
Ventas concentradas en fechas puntuales: picos en eventos, con semanas posteriores muy débiles.
Caída del consumo impulsivo: priorización de alimentos y servicios frente a bienes durables.




