La situación financiera de Misiones entró en una zona crítica y ya no se disimula. El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, puso números concretos al problema: la provincia pierde alrededor de $40.000 millones por mes como consecuencia de la caída real de la coparticipación y la retracción de la recaudación propia.
No es un dato menor ni una discusión técnica. Es un agujero que condiciona toda la administración.
“El Estado está como una familia o una empresa a la que le cuesta llegar a fin de mes”, sintetizó Safrán en FM 89.3 Santa María de las Misiones. La comparación no es casual: busca traducir en términos cotidianos lo que ocurre en las cuentas públicas.
El núcleo del problema es claro. Los ingresos crecen en términos nominales, pero pierden contra la inflación. En paralelo, los gastos del Estado —medicamentos, alimentos, insumos, salarios— suben al ritmo del mercado. El resultado es un deterioro constante del poder de compra del Estado provincial.
Safrán fue explícito: la pérdida mensual surge de un combo que incluye menos coparticipación en términos reales y menor actividad económica. Es decir, menos consumo, menos ventas, menos empleo y, en consecuencia, menos recaudación.
Ajuste sin decir ajuste
Frente a este escenario, la estrategia oficial es clara: sostener lo imprescindible y recortar el resto.
Salud, educación y seguridad aparecen como líneas rojas. Todo lo demás entra en revisión. La obra pública no se detiene, pero desacelera. Los aumentos salariales existen, pero son contenidos. Y el margen para expandir el gasto es prácticamente nulo.
Safrán lo planteó sin eufemismos: hay que priorizar. Y eso implica dejar cosas en el camino.
El reordenamiento que impulsa el gobernador Hugo Passalacqua —prohibición de compra de vehículos, congelamiento de ingresos, freno a pases a planta y control estricto del gasto— no es una decisión aislada ni simbólica. Es la respuesta directa a la falta de recursos.
“La escasez nos obliga a ser eficientes”, resumió el ministro.
En los hechos, eso significa un Estado más chico en términos de expansión, con menos margen para responder a demandas nuevas y obligado a administrar con precisión cada peso.
Nación no alcanza y el contexto no ayuda
Otro punto que quedó claro en las declaraciones es que la asistencia nacional no mueve la aguja. Los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) son, en palabras de Safrán, apenas un paliativo.
“No compensan para nada lo que se perdió”, afirmó.
La cuenta es simple: la provincia dejó de recibir fondos clave como el incentivo docente o subsidios al transporte, mientras que la coparticipación pierde contra la inflación. En ese contexto, los recursos extraordinarios no alcanzan para equilibrar.
A esto se suma un escenario macro que juega en contra de Misiones. El ministro apuntó al atraso cambiario y a las altas tasas de interés como factores que frenan la economía.
Un dólar bajo golpea a una provincia exportadora. Un crédito caro frena el consumo y la inversión. El resultado es una economía que no arranca y que, por lo tanto, tampoco genera recursos fiscales.
Sueldos garantizados, pero con margen acotado
En medio de este cuadro, Safrán llevó una certeza: el pago de salarios está garantizado.
“Somos muy cuidadosos con las cuentas y eso nos permite pagar en tiempo y forma”, aseguró.
Sin embargo, la otra cara es evidente: la negociación salarial se da con un margen extremadamente limitado. Las mesas con gremios siguen abiertas, pero el contexto condiciona cualquier mejora significativa.
Un escenario sin rebote inmediato
El diagnóstico del ministro no deja lugar a optimismos en el corto plazo.
“No vemos una reactivación rápida”, advirtió, al señalar que los próximos meses seguirán marcados por la debilidad económica.
Así, Misiones entra en una etapa de administración defensiva: menos recursos, más control del gasto y prioridades bien marcadas.
Los $40.000 millones mensuales que ya no entran no son una abstracción. Son obras que se ralentizan, gastos que se recortan y decisiones que se postergan.
Y, sobre todo, un Estado que se ajusta para sostener lo básico en un contexto que, por ahora, no ofrece señales de alivio.




