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Por Luis Huls

Hay algo que hoy ya no se puede tapar con relato político ni con estadísticas nacionales. Porque mientras en Buenos Aires celebran la baja de la inflación y del riesgo país, en Misiones las empresas cierran, los municipios no llegan a pagar sueldos y sectores enteros de la economía están entrando en terapia intensiva.

Y esto no es un discurso opositor. Lo están diciendo empresarios, intendentes y comerciantes que nunca fueron precisamente militantes de izquierda.

El empresario Martín Halty, secretario de ENAC en Misiones (Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino) advirtió que según la encuesta de la entidad, cerca del 15% de las pequeñas y medianas empresas misioneras están al borde del cierre definitivo, en un contexto donde cada vez cuesta más sostener costos, ventas y empleo.

Por otra parte, desde la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene fue todavía más contundente cuando afirmó que la situación actual “es peor que la crisis de 2002”, una frase que por sí sola refleja el nivel de preocupación que existe dentro del sector privado provincial.

Mientras tanto, los municipios empiezan a mostrar señales de agotamiento financiero cada vez más visibles. El intendente de Andresito Bruno Beck ya reconoció públicamente que podría verse obligado a pagar salarios en cuotas debido a la caída de la recaudación y a la imposibilidad de sostener el funcionamiento normal del municipio. Y detrás de ese caso aparecen otros intendentes que, aunque todavía no lo dicen abiertamente, atraviesan dificultades similares. El aguinaldo va a ser un milagro, si aparece a tiempo.

El promedio de los empleados públicos de Misiones recibe sueldos por debajo de la línea de pobreza. Eso no se resuelve con ajuste, se resuelve con crecimiento y más ingresos.

Los números empiezan a confirmar lo que ya se percibe en la calle. Desde 2023 cerraron cerca de mil empresas en Misiones. Se perdieron 10 mil empleos registrados. La recaudación provincial cayó más de un 22% interanual durante el primer trimestre de 2026. Y en Eldorado, la empresa Dass comenzó con retiros voluntarios mientras crece la incertidumbre sobre la continuidad laboral de cientos de trabajadores que dependen directamente de la actividad industrial. En 2015 tenía 1.500 trabajadores y ahora 150. Cayó 10 veces.

La imagen general empieza a ser alarmante.

La yerba mate golpeada por la caída de precios y consumo. La forestoindustria paralizada por la falta de mercado y competitividad. El comercio funcionando con niveles mínimos de ventas. Sin obra pública que dinamice la economía. Sin crédito accesible. Sin capacidad de consumo. Sin señales claras de recuperación para los sectores productivos.

¿Hay indicadores positivos con este modelo? Si. El gobierno nacional logró ordenar variables macroeconómicas que durante años parecían completamente fuera de control. La inflación efectivamente bajó de 200% a 35% anual. Lejos de 0% pero bajó. El riesgo país cayó de manera importante. Y algunos sectores vinculados a la minería, la energía, el petróleo y las finanzas muestran indicadores positivos que el oficialismo utiliza como prueba de éxito económico.

Pero ahí aparece el debate que polariza la lectura, entre los que apoyan y los que cuestionan.

Es que Argentina no puede reducirse únicamente a Vaca Muerta, al negocio financiero o a las exportaciones mineras. Argentina también es la pyme familiar de Oberá que ya no vende como antes, el aserradero de San Vicente que trabaja por debajo de su capacidad, el productor yerbatero de Andresito que no cubre costos y el comerciante posadeño que sobrevive viendo cómo cae el consumo mes tras mes. Si todavía no cerró.

Es precisamente ese interior productivo el que hoy empieza a mostrar signos claros de asfixia económica.

Existe además un clima político que tampoco puede negarse. Mucha gente quiere que el "misionerismo" pierda las elecciones y deje el poder en Misiones. Hay cansancio social, hay enojo acumulado y hay una demanda concreta de cambio político que atraviesa distintos sectores de la sociedad. El año pasado, 70% votó en contra en las dos elecciones. Si la bronca es causada por la Nación o la Provincia, para la gente es indistinto.

Pero administrar bronca electoral como lo hizo LLA en 2023 y en 2025 para ubicarse como principal fuerza opositora en la Provincia, no es lo mismo que gobernar una provincia y hacerla crecer.

Una cosa es capitalizar el descontento social en una elección. Otra completamente distinta es explicar cuál es el modelo económico que permitirá sostener empleo, producción y actividad en provincias que viven del consumo interno, de las economías regionales y de la industria.

Y ahí aparecen preguntas que, hasta ahora, nadie responde con claridad de parte de La Libertad Avanza. Si es que se perfilan como alternativa de gobierno provincial: ¿Qué plan concreto existe para los pequeños productores de yerba mate que hoy se encuentran afectados por la desregulación? ¿De verdad el plan es que deben dedicarse a otra cosa?

¿Qué va a pasar con la forestoindustria? ¿Qué herramientas tendrán las pymes para sobrevivir? ¿Cómo se recupera el consumo interno? ¿Qué harán los municipios si la recaudación sigue cayendo? ¿Qué ocurrirá con el empleo industrial en ciudades que dependen casi exclusivamente de pocas fábricas?

Porque ajustar puede ajustar cualquiera. Lo verdaderamente complejo es construir un modelo económico que no destruya el entramado productivo del interior mientras ordena las cuentas nacionales. Esa debería ser la lectura de los misioneros a la hora de definirse.

La macroeconomía puede mostrar señales positivas y aun así convivir con un país socialmente agotado, con fábricas cerrando, comercios vacíos y trabajadores que ya no llegan a fin de mes. Y cuando eso ocurre, el problema económico no desaparece: simplemente cambia de lugar y deja de verse en los mercados para empezar a sentirse en la vida cotidiana de los ciudadanos del interior.

No alcanza con ordenar planillas de Excel en Buenos Aires mientras se desordena la realidad concreta de millones de argentinos que viven lejos de la city financiera y dependen de la producción, del comercio y del trabajo diario para sostenerse.

Hasta ahora no aparece ninguna propuesta concreta de La Libertad Avanza orientada a reactivar consumo, industria o empleo. Se quedaron solo en ajustar y esperar el derrame. Incluso muchas veces celebran la motosierra con un nivel de cinismo preocupante, como el secretario de Políticas Universitarias, o el recorte a los medicamentos de pacientes de cáncer, o el recorte a las personas con discapacidad; como si destruir estructuras del Estado fuera una cosa divertida que no tiene efecto en familias de carne y hueso.

Ninguna economía regional sobrevive solamente con equilibrio fiscal. Y ningún país se salva únicamente bajando la inflación si al mismo tiempo destruye su capacidad de producir, generar empleo y ofrecer futuro.

La verdadera estabilidad económica no se mide solamente en los mercados financieros. También se mide en la tranquilidad de una familia que conserva su trabajo, en una pyme que sigue abierta y en una provincia que todavía puede imaginar un horizonte de crecimiento. Porque la motosierra puede servir para ganar elecciones, generar impacto mediático o alimentar fanatismos digitales. Pero ninguna provincia se desarrolla destruyendo consumo, paralizando producción y dejando caer a las economías regionales.

*Director de Misiones Opina