La crisis social y económica comienza a sentirse con más fuerza en el espacio público de la ciudad de Posadas. Cada vez son más las personas que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad y encuentran en la plaza 9 de Julio un lugar para pasar el día e incluso para dormir durante la noche, en un escenario que ya no resulta excepcional, sino cada vez más cotidiano.
Según pudo observarse en recorridas nocturnas recientes, en una sola noche es posible ver alrededor de siete hombres durmiendo en los alrededores del Banco Macro, utilizando las vidrieras como refugio improvisado frente al frío y la intemperie. Cartones, mantas precarias y bolsas se convierten en camas improvisadas. A ellos se suman otros casos que reflejan una realidad aún más compleja: familias enteras y mujeres con niños pequeños que transitan la plaza durante horas, buscando alguna forma de subsistencia o un ingreso mínimo para el día.
Una de las mujeres que frecuenta el lugar —madre de varios chicos— explicó que no duerme en la plaza. Contó que vive en el barrio Itambé Miní y que durante el día se acerca con sus hijos para vender bolsas en los alrededores. “No me quedo a dormir acá, vengo a trabajar”, señaló. Su testimonio deja en evidencia una frontera cada vez más difusa entre quienes viven en situación de calle y quienes, aun teniendo un techo, dependen del espacio público para sobrevivir económicamente.
Otro testimonio, el de un hombre que prefirió no dar su nombre, resume el recorrido que empuja a muchos a terminar durmiendo en la vía pública. Relató que perdió su trabajo, que intentó subsistir haciendo changas, pero que con el tiempo ya no pudo afrontar el pago de un alquiler. Hoy duerme sobre las vidrieras del banco, junto a otros hombres en la misma situación. “Como yo hay muchos”, dijo, sin dramatizar, pero con resignación.
Las historias se repiten y tienen un denominador común: la falta de empleo estable, la caída de los ingresos y el aumento constante del costo de vida. Muchos de quienes hoy pasan la noche en la calle fueron trabajadores formales o informales que, ante la imposibilidad de sostener alquileres, servicios y alimentación, quedaron sin red de contención. A esto se suma la reducción del consumo y la caída de la actividad económica, que achican las oportunidades de changas y trabajos temporarios, especialmente en los sectores más vulnerables.

La presencia creciente de personas en situación de calle en pleno centro de Posadas no solo visibiliza el deterioro de las condiciones sociales, sino que interpela a toda la comunidad. El espacio público se transforma en un refugio forzado frente a la falta de alternativas, mientras se profundiza una crisis que combina desempleo, precarización y pérdida del poder adquisitivo.
En este contexto, el fenómeno deja de ser una postal aislada para convertirse en una señal de alarma. Mientras la situación económica nacional continúa agravándose como consecuencia de las políticas de ajuste y la retracción del Estado, para muchas personas la calle ya no es una circunstancia transitoria, sino el último recurso disponible para sostener la vida cotidiana.




