El último miércoles la localidad de Santo Pipó volvió a estar de luto luego del fallecimiento de Natalia Vera, una agente de la Policía de Misiones que tristemente decidió quitarse la vida. Su muerte fue repudiada por la comunidad, que a través de las redes sociales, denunció una persecución y maltratos de una superior hacia la agente que la habrían llevado a tan drástica decisión.
El reclamo toma aún más fuerza cuando sale a la luz que en septiembre, tan sólo cinco meses atrás, Martín Vera -primo de la agente y también efectivo policial- tomó la misma decisión de quitarse la vida, lo cual para familiares y allegados fue consecuencia del mismo hostigamiento por parte de la superior apuntada como autora de maltratos hacia Natalia.
Por fuentes consultadas, El Territorio pudo saber que la mujer señalada en distintas publicaciones es la propia jefa de la comisaría de Santo Pipó, Gina Kulchar. Juana -tía de los dos efectivos que se suicidaron en menos de cinco meses-, expuso su dolor y reclamó por justicia.
“En menos de cinco meses, dos sobrinos policías se quitaron la vida. Eran jóvenes con familia, proyectos, sueños, y hoy ya no están”, expresó la mujer, quien cuestionó que no es un caso aislado, sino una realidad que necesita atención urgente de los que están a cargo dentro de las fuerzas.
Sobre la tan segura denuncia hacia la jefa de la comisaría local, aseveró que se supo que Natalia tenía problemas y que por ello intentó buscar solución con el jefe de la Unidad Regional IX, el comisario Aníbal Chimiski, aunque la respuesta fue que la agente sea trasladada a otra comisaría, sin afectar de ninguna manera o investigar el actuar de la jefa de la comisaría.
“Kulchar es jefa en Santo Pipó… Martín también se quitó la vida por sufrir maltrato y persecución por parte de sus superiores”, remarcó la familiar de los dos efectivos. El repudio y cuestionamiento rápidamente se hizo eco en las redes sociales, sobre el accionar de algunos superiores de la fuerza provincial.
“No pudimos lograr evitar que dos jóvenes policías sean víctimas de una comisaria. Hoy Natalia fue despedida con desgarrador dolor por su madre, hijito, familia y vecinos de Santo Pipó. Ningún jerárquico ni representante estuvo presente en la despedida de la joven policía, que se quitó la vida por hostigamiento y abuso de poder de parte de la jefa de aquella comisaría”, se manifiesta en una de las tantas publicaciones viralizadas por Facebook.
A su vez, en el extenso posteo también se apunta hacia el accionar del jefe de la unidad regional de la jurisdicción: “Lo triste es que Natalia Vera recurrió a Marcelo Chimiski buscando comprensión y actuar del responsable de la jurisdicción. Encontró lo contrario, la llevaron al límite igual que hace 5 meses a su primo, otro joven policía”.
Martín y Natalia Vera
Por el momento, las denuncias se extienden a la viralización pública y no hay información oficial sobre una denuncia realizada en el juzgado de instrucción jurisdiccional. Además, la familia de los dos policías que se quitaron la vida solicitaron que la Justicia actúe y que la investigación sea llevada a cabo por Gendarmería.
Voz del capellán
A partir de la denuncia pública, otra de las voces que brindó un mensaje más reflexivo sobre los dos casos fue el capellán de la Policía de Misiones, Marcos José Szyszkowski, quien ante medios locales expresó su profundo pesar.
En primer lugar, el religioso recordó las dos muertes y destacó el corto tiempo de distancia entre los dos casos. “Primero Martín y ahora Nati. No son números ni titulares: eran camaradas, hijos, amigos, vecinos, personas que cada día se pusieron el uniforme para cuidar a otros mientras, por dentro, cargaban batallas que nadie supo ver a tiempo”.
Además, el sacerdote explicó que normalmente los efectivos de la Policía no hablan por temor a sanciones.
“El que necesita ayuda elige callar, y el silencio se vuelve más peligroso que cualquier otra cosa”, advirtió.
También cuestionó que en algunos casos se desaliente el acercamiento al capellán, como si pedir acompañamiento espiritual fuera una falta y no un derecho.
El desgaste cotidiano que sufren los efectivos fue otra arista que Szyskowski no dejó pasar. “El policía casi nunca recibe felicitaciones ni palabras de agradecimiento. Es necesitado por todos, pero cuidado por nadie”, lamentó.
Por último, Szyszkowski pidió que estas muertes no pasen como simples noticias. “Quiero que aprendamos a mirarnos entre nosotros, a preguntar ‘¿cómo estás de verdad?’, a no dejar solo al que se va apagando”.
“No es el arma lo primero que hay que quitar, es el peso que el camarada lleva en el alma. No es el castigo lo que cura, es la escucha verdadera”, concluyó el capellán de la fuerza provincial.
Fuente: El Territorio





