Las mujeres trabajan más que los hombres, pero una parte decisiva de ese esfuerzo sigue siendo invisible en las estadísticas clásicas del mercado laboral. Ese es uno de los datos más contundentes que deja el informe de Argendata sobre trabajo y participación laboral en la Argentina: aunque los varones dedican más tiempo al trabajo remunerado, la enorme sobrecarga femenina en tareas domésticas y de cuidado hace que, al final del día, el trabajo total recaiga más sobre ellas.
La plataforma de Fundar, con base en la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021, precisa que las mujeres destinan en la Argentina 359 minutos diarios al trabajo no remunerado, contra 165 minutos de los varones. La brecha es todavía más nítida en dos rubros centrales de la vida cotidiana: trabajo doméstico, donde ellas dedican 221 minutos por día y ellos 109; y cuidado de integrantes del hogar, con 115 minutos diarios en mujeres frente a 43 en varones. Al mismo tiempo, Argendata señala que los hombres dedican un 78% más de tiempo al trabajo remunerado, pero esa diferencia no alcanza para compensar la carga extra que las mujeres absorben dentro del hogar.
Ahí aparece la gran paradoja: muchas mujeres trabajan más horas que los hombres, pero no figuran de la misma manera en las estadísticas laborales porque una parte central de ese esfuerzo no se paga. La propia metodología de la ENUT define como “trabajo total” no solo a la ocupación remunerada, sino también al trabajo para el autoconsumo y al trabajo no remunerado para el propio hogar, otros hogares o voluntariado. Sin embargo, los indicadores habituales del mercado de trabajo suelen enfocarse en empleo, desempleo y búsqueda laboral, dejando afuera una porción decisiva de la economía cotidiana.
Llevado a Misiones, el contraste se vuelve evidente al mirar el aglomerado Posadas, principal termómetro urbano de la provincia. En el tercer trimestre de 2025, la tasa de actividad de las mujeres fue de 46,5%, muy por debajo del 60,2% registrado entre los varones. La brecha también se replica en el empleo: 44,6% para las mujeres contra 57,4% para los hombres. Es decir, aun cuando sostienen una carga total de trabajo más pesada cuando se incorporan las tareas no pagas, su inserción en el mercado laboral formal o visible sigue siendo más reducida.
La desigualdad no termina ahí. En Posadas, la subocupación golpea con más fuerza a las mujeres: en el tercer trimestre de 2025 la tasa femenina fue de 9,6%, frente a 5,3% en los varones, y del total de subocupados horarios el 60,7% eran mujeres. Es decir, no solo participan menos del mercado laboral, sino que además, cuando logran insertarse, con más frecuencia lo hacen en empleos de menor carga horaria o de menor estabilidad.
La comparación provincial también deja otra señal importante. El informe más reciente del IPEC sobre mujeres en Posadas indica que el empleo femenino se concentra sobre todo en comercio, con el 24,9%; servicio doméstico, con el 20,5%; enseñanza, con el 11,6%; administración pública, defensa y seguridad social, con el 11,2%; y servicios sociales y de salud, con el 8,4%. A eso se suma que solo el 52,2% de las asalariadas está registrada. La foto confirma una inserción laboral muy apoyada en actividades históricamente feminizadas, varias de ellas atravesadas por salarios más bajos, informalidad o mayor precariedad.
El contexto regional tampoco ayuda. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo procesada por el IPEC muestra que en el Noreste el 86,4% de los hogares tiene al menos una persona de hasta 13 años que demanda cuidados, por encima del promedio nacional de 84,3%. Esa presión cotidiana sobre los hogares del NEA, donde se inscribe Misiones, ayuda a explicar por qué tantas mujeres terminan absorbiendo una doble jornada: empleo, cuando lo tienen, y además una extensa carga doméstica y de cuidado puertas adentro.
La discusión, entonces, ya no pasa solo por cuántas mujeres tienen empleo, sino por cuánto trabajo hacen realmente y cuánto de ese trabajo queda escondido detrás de las paredes del hogar. El informe de Argendata vuelve a poner el foco sobre esa economía silenciosa sin la cual no funcionarían ni las familias ni el mercado: limpiar, cocinar, cuidar chicos, acompañar a adultos mayores, organizar la vida diaria. Todo eso produce bienestar, sostiene a otros trabajadores y hace posible el resto de la actividad económica, aunque casi nunca aparezca en un recibo de sueldo.
Para una provincia como Misiones, donde el costo de vida aprieta, el empleo informal sigue teniendo peso y el cuidado familiar recae fuertemente sobre los hogares, el dato no es menor. Detrás de las tasas de actividad y empleo hay una desigualdad más profunda: muchas mujeres no están fuera del trabajo; están fuera de la estadística laboral tradicional. Y mientras esa parte de la jornada siga sin reconocimiento económico ni políticas públicas que la alivien, la brecha de género seguirá escrita no solo en los salarios, sino también en el tiempo.





