El vicegobernador de Misiones, Lucas Romero Spinelli, fue contundente para marcarle la cancha al diputado libertario Adrián Núñez, luego de que este asegurara que el sector yerbatero “ya no está en crisis”, poniendo en evidencia la distancia entre el discurso libertario y la realidad de los productores.
“Negar la crisis es mentir”, sintetizó, en una frase que no solo apunta a Núñez sino a una lógica política que intenta instalar una normalidad inexistente.
Núñez —potencial candidato en 2027 dentro de La Libertad Avanza— expone con sus declaraciones una debilidad evidente: la falta de territorio. Romero Spinelli, impulsado también por un sector de la Renovación, al estar en gestión y en contacto permanente con productores y pymes, recibe la situación y las consecuencias que atraviesan por este período negativo para su economía y su rentabilidad.
Afirmar que no hay crisis en el sector yerbatero en Misiones no es una interpretación discutible; es desconocer una situación concreta. Los pequeños productores no cubren costos, el precio de la hoja verde está deprimido y la rentabilidad se concentra en pocos actores de la cadena.
La “reconfiguración” que no se explica
Núñez y el discurso libertario insisten con la idea de “reconfigurar el sector”. Pero la pregunta que surge —y que desde el oficialismo provincial empiezan a poner sobre la mesa— es simple y directa: ¿Reconfigurar para quién? Porque detrás de ese concepto aparece un riesgo concreto: que esa supuesta reconfiguración termine expulsando a los pequeños productores del sistema.
Productores que no pueden sostener costos. Productores que ven deteriorarse su actividad. Productores que, en ese escenario, quedan empujados a abandonar su tierra. ¿Y después qué?
Esa es la pregunta que no tiene respuesta desde La Libertad Avanza. No hay una explicación sobre el destino de esas familias, ni sobre el impacto social de esa “reconfiguración”. Todo indica que, simplemente, no es una preocupación dentro de esa mirada económica.
Números que no cierran
Los datos expuestos por Romero Spinelli son difíciles de relativizar: solo en 2025 se procesaron cerca de 900 millones de kilos de hoja verde. Si se hubieran pagado $350 más por kilo, hubieran ingresado $315 mil millones adicionales a la economía misionera.
En tres años, la cifra supera el billón de pesos que no llegó a manos de los productores.
No es una discusión teórica. Es plata que no está en los pueblos, que no dinamiza la economía local y que no permite sostener a miles de familias.
El cruce entre Romero Spinelli y Núñez no es solo político: expone dos modelos. Uno que plantea la necesidad de equilibrar la cadena productiva, con herramientas que eviten abusos y concentración.
Otro que, bajo la bandera de la desregulación, deja librado el sistema a una lógica donde los más chicos quedan en desventaja estructural.
En ese contexto, la frase del vicegobernador funciona como advertencia: Si alguien sostiene que no hay crisis, no es porque no exista. Es porque está representando a los pocos que han concentrado muchos millones en estos dos años.




