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Por Matías Blanco*

En los últimos días se conoció que el gigante hamburguesero norteamericano estaba en la búsqueda de adolescentes de entre 16 y 17 años. Quienes desearan postularse debían presentar su currículum vitae en la Oficina de Empleo de Posadas, ubicada sobre la avenida Uruguay, el miércoles 25 y jueves 26 de la semana que finalizó.

La marca ícono de “La Cajita Feliz” abrirá su segunda sucursal en la capital misionera a finales de mayo —en pleno centro, sobre la calle Bolívar— y ofrecerá aproximadamente 60 nuevos puestos de trabajo. A primera vista, esto aparece como un verdadero oasis dentro del enorme desierto de la crisis laboral en desarrollo.

Al compartir la noticia entre amigos y conocidos, encontré —al menos desde mi perspectiva— una polémica tan interesante como inesperada, con argumentos a favor y en contra que vale la pena repasar.

Uno de los amigos con los que dialogué reaccionó con enojo, asegurando que “era una hijaputez”. “A esa edad los chicos deberían distribuir su tiempo entre ir a la escuela, jugar con amigos y estar en los clubes”, sostuvo. También mencionó la gravedad de “arrojarlos a la precarización laboral y salarial, a los maltratos y a llenarles el bolsillo a los capitostes de Mc Donald’s que viven en Estados Unidos y ni siquiera nos registran”.

Este mismo interlocutor profundizó su disgusto señalando que le parecía “perverso que desde entidades oficiales se empuje a los chicos a este tipo de trabajo”, y agregó que esta iniciativa sería una oportunidad genuina si estuviera dirigida “a los adultos que tenemos la responsabilidad de cuidarlos, educarlos y guiarlos”.

Luego hablé con un periodista que consideró positiva la propuesta, siempre y cuando se trate de “una oportunidad con jornadas de cuatro horas”. La definió como una instancia de “aprendizaje”, ya que muchos jóvenes buscan dar sus primeros pasos hacia la independencia económica.

Para fundamentar su postura, apeló a su experiencia personal: contó que trabajó en carpintería junto a su padre entre los 12 y los 20 años. Desde su punto de vista, la propuesta de Mc Donald’s podría funcionar como una herramienta para alejar a los jóvenes de ciertos riesgos, a los que definió como el “fenómeno de la generación Dios, Patria y TikTok”.

Dentro de este abanico de testimonios, también surgió la voz de un joven de 25 años, que comenzó a trabajar a los 17 como mozo. Consideró que la búsqueda de Mc Donald’s es “excelente” porque “les da calle a los chicos”. Según su mirada, es una de las formas más efectivas de “aprender de qué está hecha la vida”. Si bien admitió que muchas veces se cobra poco —“por el pancho y la coca”—, sostuvo que para muchos jóvenes representa el primer contacto con el mundo laboral y una vía para ayudar a sus familias en los gastos cotidianos. Incluso estimó que solo un “10%” de quienes se presentaron lo habrían hecho obligados por sus padres.

Como habrá podido observar el lector, existen opiniones para todos los gustos.

Panoramas y expectativas en el mercado laboral

Un informe de la consultora Randstad, denominado Workmonitor 2024, señala que la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) cambia de trabajo más que cualquier otra franja etaria. Su permanencia promedio en un empleo es de 1,1 años, frente a los 1,8 de los millennials (1981-1996), los 2,8 de la generación X (1965-1980) y los 2,9 de los baby boomers (1946-1964).

Al analizar las motivaciones de esta rotación laboral, se observa que los desafíos de la generación Z están atravesados por la búsqueda de capacitación, mejora constante, expectativas salariales elevadas y el deseo de desarrollar proyectos personales con impacto social. Sin embargo, según el estudio, solo el 56% de los encuestados considera que su trabajo se ajusta a sus expectativas y representa el perfil de vida que desean.

Para muchos empleadores, este perfil puede resultar complejo: se trata de trabajadores con intereses cambiantes, fuerte vínculo con las redes sociales, menor capacidad de atención y un marcado deseo de trascendencia. Esto suele generar tensiones con generaciones anteriores, que construyeron sus carreras a partir del esfuerzo sostenido en el tiempo, lejos de la lógica inmediata de las redes o de la inmediatez que propone la inteligencia artificial.

Según datos de Manpower Group Argentina, estos rasgos también están influenciados por el impacto de la pandemia de COVID-19 entre 2020 y 2021. Ese período implicó una profunda reconfiguración de los vínculos sociales y laborales, especialmente en una etapa clave del desarrollo de esta generación.

De todos modos, la misma consultora proyecta que para 2030 la generación Z representará el 58% de la población económicamente activa. Se trata de jóvenes que eligen cuándo, cómo y por qué trabajar, con menor apego a la estabilidad tradicional y mayor inclinación hacia modalidades independientes o freelance. Consideran que su trabajo y talento deben ser valorados tanto en términos económicos como simbólicos.

Conclusión

A la luz de estos datos, resulta difícil pensar que un adolescente que ingrese a trabajar en Mc Donald’s lo haga como una entrega pasiva a la precarización laboral. Es más probable que lo vea como un primer contacto con el mundo del trabajo, útil para definir qué quiere —y qué no— en su futuro.

Desde una mirada personal, creo que la decisión de que un joven de entre 16 y 17 años trabaje en Mc Donald’s —o en cualquier otra organización— debe tomarse en el ámbito más íntimo, con el acompañamiento y la supervisión de su familia.

Lo que sí debería ser un principio indelegable para los padres es transmitir a sus hijos que cuentan con las herramientas necesarias para construir su propio camino, sin apresuramientos y con la confianza de que el futuro que elijan depende, en gran medida, de sus decisiones y de la sabiduría que logren desarrollar con el tiempo.