Todos hacen músculo y miden fuerzas rumbo a 2027
Por Luis Huls*
La oposición percibe una oportunidad. La imagen de Héctor “Cacho” Bárbaro y Cristian Castro por el Partido Agrario y Social, Rosi Kurtz y Santiago Koch por la Unión Cívica Radical y Ramón Amarilla por Algo Nuevo tuvo precisamente ese significado: decir que existe un grupo de dirigentes que está dispuesto a explorar una construcción común frente a la debilidad que hoy atraviesan los dos grandes polos que hoy dominan la política misionera, el oficialismo provincial y La Libertad Avanza.
La foto, bautizada con algo de ironía como “La Previa de la oposición”, no nació de la nada. Una semana antes hubo un asado, mucho más reservado y con mayor cantidad de dirigentes, donde comenzaron a plantearse las primeras conversaciones para intentar construir una alternativa electoral de cara a 2027.
Los protagonistas vienen trabajando juntos en la Legislatura como un interbloque y ahora buscan ampliar la convocatoria. La idea es sumar a todos aquellos dirigentes que no se sienten representados ni por el oficialismo misionero ni por el proyecto libertario. Incluso algunos sueñan con incorporar al peronismo que conduce Christian Humada, aunque hoy esa posibilidad todavía pertenece más al terreno de los deseos que al de las negociaciones concretas.
La búsqueda tiene una lógica política evidente. Existe una percepción compartida entre estos sectores de que hay una parte de la sociedad que no quiere ninguno de los dos oficialismos: ni la continuidad de la Renovación después de más de dos décadas de gobierno, ni una representación del modelo de Javier Milei en la Provincia.
Esa es la autopista del medio que intentan construir.
La foto del jueves tuvo una continuidad el viernes durante una jornada sobre Ficha Limpia organizada por el PRO. Allí apareció otra imagen que tampoco pasó desapercibida: Santiago Koch (UCR) y Ramón Amarilla (Algo Nuevo) compartiendo escenario y fotografía con Martín Goerling (PRO). Una nueva señal de que actores diversos están dispuestos a sentarse en la misma mesa.
La oposición empezó a hacer lo que durante muchos años se le reclamó: juntarse. Está tomando anabólicos políticos, está haciendo gimnasio electoral y está intentando construir volumen para dejar de ser una suma de pequeñas expresiones dispersas. La foto de hoy los muestra más organizados de lo que realmente están y más fuertes de lo que realmente son. Será su desafío confirmar la apariencia.
Al mismo tiempo en que buscan fortalecerse unidos, todos miran hacia el mismo lugar: el oficialismo.
Porque en ese lugar se deposita una expectativa inusual, como hace mucho tiempo no ocurría, una decisión que puede cambiar por completo el tablero político de Misiones.
Desde hace meses se desarrolla una tensión silenciosa pero cada vez más evidente entre los sectores que se referencian en Hugo Passalacqua y Carlos Rovira.
Desde el entorno del gobernador dejaron trascender a varios interlocutores que existe una decisión política tomada: buscar un nuevo mandato y avanzar hacia una nueva etapa donde la conducción del gobierno y el liderazgo político tengan una lógica diferente a la de las últimas décadas, en sintonía con el planteo realizado por los intendentes que firmaron el documento de Ruiz de Montoya reclamando un único liderazgo político y de gestión. El argumento que murmuran es que la conducción se distanció y se encerró en los últimos años con mayoría de actores sin recorrido.
Del otro lado consideran que un cambio de esas características implicaría modificar el esquema de conducción exitoso que ordenó al espacio durante más de dos décadas. Por eso trabajan en dos hipótesis a la vez: la primera es esperar que Passalacqua reconsidere y priorice la continuidad de la unidad; y la segunda es avanzar en la construcción de una alternativa propia con figuras como Lalo Stelatto y Lucas Romero Spinelli, como apuestas para la sucesión.
Existe una tercera alternativa, que hoy aparece más lejana pero que en política nunca debe descartarse: un acuerdo para sostener la unidad con Passalacqua como candidato, aunque eso llevaría a una discusión muy extensa y fuerte sobre condiciones de convivencia y reparto del poder. Subrayar “discusión muy extensa”.
Porque en política, sobre todo en los espacios donde durante años se compartió el poder, las posiciones más duras muchas veces son parte de una negociación. Una frase contundente hoy puede convertirse en un acuerdo mañana. El “No” de ahora puede ser el “tenemos un trato” mañana.
Por eso, aunque la distancia es real, todavía existen vasos comunicantes entre ambos sectores. Hay dirigentes que hablan, operadores que transmiten mensajes y referentes que intentan evitar que la discusión termine en una ruptura definitiva.
Mientras tanto, todos cuentan los porotos.
Passalacqua acumula músculo desde la gestión, desde los intendentes que se alinean con su figura y desde una construcción territorial que busca mayor autonomía política. Del otro lado, Rovira también fortalece su espacio con las reuniones de Encuentro Misionero, la movilización de dirigentes, la construcción territorial y la instalación de nuevos liderazgos.
Todos se preparan para una negociación que todavía no tiene fecha de vencimiento.
Y esa es justamente la razón por la que la oposición mira cada movimiento del oficialismo con tanta atención. Una Renovación unida es un escenario. Una Renovación dividida es otro completamente distinto.
Por eso también aparecen conversaciones cruzadas y un concepto que hasta hace poco parecía imposible en la política misionera: “alianzas impensadas”.
La Renovación fue durante 23 años el centro del sistema político provincial. Gobernó, administró, incorporó dirigentes de distintas tradiciones y generó vínculos con prácticamente todo el arco político. Es imposible que no existan vasos comunicantes con muchos de quienes hoy están enfrente. El propio Ramón Amarilla reconoció públicamente que recibió propuestas del oficialismo.
Por eso no se descartan alianzas impensadas entre opositores y el oficialismo o las partes divididas del oficialismo.
Hay dirigentes opositores, sobre todo radicales, que creen que la discusión más importante no es solamente quién gana la interna del oficialismo, sino cómo construir un gran espacio capaz de impedir que La Libertad Avanza llegue al gobierno provincial. En esa mirada, las fronteras políticas actuales podrían volverse mucho más flexibles.
Otros, en cambio, creen que el gran negocio político está en otro lado: que una eventual ruptura de la Renovación podría dividir un caudal electoral histórico y abrir una verdadera autopista del medio por la cual una tercera fuerza pueda avanzar mientras los antiguos socios se disputan el mismo electorado.
En esa ecuación especulativa también aparece La Libertad Avanza, que atraviesa un momento de mayor desgaste. El espacio libertario sigue intentando trasladar el potencial del sello nacional al territorio provincial, aunque no puede escapar al desgaste de la gestión nacional, a las controversias políticas que afectan al gobierno de Javier Milei y, especialmente, a una realidad económica que golpea a familias que sienten que trabajan más, pero llegan menos a fin de mes.
La fotografía de hoy muestra un rompecabezas todavía incompleto, un panorama incierto, como caminar sobre arenas movedizas. Un paso en falso te hunde, pero un salto certero y adecuado te salva para siempre.
Hay dirigentes que ya han decidido, otros que se están preparando y algunos que esperan para ver hacia dónde gira la rueda.
Lo único seguro es que nadie quiere llegar al momento de la definición sin haber acumulado fuerza.
Todos están haciendo gimnasio. Todos están tomando anabólicos políticos. Todos cuentan sus soldados.
Pero una sola decisión puede cambiar definitivamente el mapa, y todavía depende de una conversación puertas adentro del oficialismo.
En Misiones, como tantas veces ocurrió en los últimos 23 años, una decisión de último momento puede convertir en realidad alianzas que hoy parecen imposibles y dejar viejas certezas tiradas sobre la mesa.
Así que, para quienes ya preparaban el título de la película, conviene esperar.
Como aquella final del Mundial de 2022 que parecía resuelta varias veces y terminó definiéndose en los penales, al borde del infarto, otra vez, en plena época de mundial, los corazones políticos misioneros están más palpitantes que nunca. Y recién estamos en zona de clasificación.
Así como el Mundial, la película del 2027 recién empieza.
*Director de Misiones Opina
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