El miedo a perder y la interna movilizan al Gobierno
Por Luis Huls*
La Renovación parece estar corriendo una carrera. Lo curioso es que todavía no está claro contra quién.
En apenas dos meses acumuló una sucesión de anuncios que, vistos en conjunto, equivalen a una agenda de transformaciones que durante años parecían imposibles: el fin de los anticipos de Ingresos Brutos en los controles de ruta, la eliminación de las retenciones sobre las billeteras virtuales, la reducción de los sublemas, el debate sobre los límites a la reelección de intendentes, la trazabilidad yerbatera para transparentar el mercado, Ficha Limpia y una batería de iniciativas vinculadas a la economía verde.
Se podría concluir que la interna entre roviristas y passalacquistas le está haciendo bien al oficialismo. Que la competencia interna lo está obligando a renovarse, a producir política, a recuperar iniciativa y a volver a ponerse en carrera de cara a 2027. Porque si el escenario hubiese seguido el mismo rumbo que llevaba hasta 2025, el desgaste parecía conducir a una derrota cómoda.
También podría interpretarse que ambos sectores están disputando quién llegará mejor posicionado a la discusión por la sucesión. Nadie quiere arribar debilitado. Todos buscan mostrar gestión, capacidad de reacción y volumen político.
Pero existe otra lectura posible.
Llenar la agenda de anuncios no resuelve automáticamente los problemas cotidianos de la gente. El bono verde fue anunciado hace años. La desregulación de la yerba ocurrió en diciembre de 2023. Los productores reclamaban un mercado consignatario o un INYM provincial desde hace mucho tiempo. Los cuestionamientos a la llamada "aduana paralela" y a los descuentos de Rentas llevan años formando parte del malestar de comerciantes y empresarios.
Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿recién ahora se dieron cuenta?
Los anuncios, en sí mismos, no son un problema. Al contrario. En su enorme mayoría son medidas con amplio consenso social. El problema es otro: el crédito político.
La sociedad lleva tiempo desencantada y empezó a desconfiar de las promesas. Muchos interpretan este giro como una reacción de emergencia, una manera de recuperar imagen, una disputa interna por ocupar la agenda y medir fuerzas dentro del propio oficialismo.
Además, ninguna de estas medidas produce resultados inmediatos. Requieren leyes, reglamentaciones y tiempo de implementación. Y la gente, mientras tanto, sigue enfrentando problemas mucho más urgentes.
Los salarios no mejoraron. El empleo privado no despega. Los comercios no venden más. La actividad económica continúa estancada. Esos siguen siendo los problemas reales.
Y en ese punto, el argumento que más se escucha en la calle tiene cierta lógica: llevan más de veinte años gobernando, ¿por qué estas decisiones aparecen recién ahora?
Sería injusto, sin embargo, cargar sobre Misiones una crisis que atraviesa a prácticamente todas las provincias argentinas. Corrientes, Entre Ríos, Córdoba o incluso la Ciudad de Buenos Aires muestran indicadores similares. La economía nacional lleva más de dos años de ajuste y prácticamente ningún sector, salvo la minería y Vaca Muerta, exhibe crecimiento sostenido.
Pero precisamente por eso surge otra pregunta incómoda: ¿hacía falta esperar tanto?
¿Hacía falta perder las elecciones nacionales del año pasado para reaccionar?
Después de esta batería de medidas, el interrogante político de fondo es otro: ¿el Gobierno está cuidando a la gente o está cuidando su permanencia en el poder? ¿Está haciendo ahora lo que antes no consideró necesario porque la economía todavía funcionaba? ¿Está intentando recuperar la confianza de un electorado que, por primera vez en mucho tiempo, empieza a imaginar una alternancia?
Las encuestas muestran un fenómeno interesante: una porción muy importante de la sociedad, superior al 60% en varios sondeos, no quiere votar ni al oficialismo provincial ni al nacional. Allí aparece una oportunidad que la oposición todavía no sabe si podrá aprovechar. Todo dependerá de su capacidad para construir una propuesta común y dejar de lado los egos.
La debilidad simultánea de ambos gobiernos alimenta esa expectativa. El reciente encuentro del viernes entre distintos sectores opositores deja entrever que podría empezar a gestarse una alternativa competitiva.
Mientras tanto, La Libertad Avanza tampoco parece atravesar su mejor momento.
Hace apenas un año muchos daban por descontado que caminaba sin obstáculos hacia la gobernación de Misiones. Hoy ese escenario ya no luce tan evidente. El espacio acumula errores no forzados y transmite una creciente desconexión con la realidad cotidiana.
La defensa irrestricta de la desregulación yerbatera por parte de Adrián Núñez y Diego Hartfield parece ignorar el impacto concreto que atraviesan miles de productores. Desde la Legislatura, algunos de sus representantes describen una economía que los propios datos oficiales contradicen, hablando de un auge del ahorro familiar o del consumo que no aparece ni en las estadísticas del INDEC ni en los informes del Banco Central.
Tal vez el principal problema no sea económico, sino político.
La Libertad Avanza parece hacer política desde las redes sociales y las oficinas, pero poco desde los barrios, las chacras y las calles. Muchos de sus dirigentes permanecen encerrados en una burbuja, aislados de las preocupaciones concretas de quienes dicen representar.
Paradójicamente, ese aislamiento puede terminar dándole una nueva oportunidad a los espacios tradicionales.
Si el Gobierno nacional y sus referentes provinciales mostraran un poco más de sensibilidad frente a las urgencias sociales; si entendieran que la gente no vive de teorías económicas ni puede esperar décadas a que lleguen los beneficios prometidos; de ser "potencia mundial"; si combinaran el equilibrio fiscal con una dosis mayor de humanidad, probablemente el peronismo y la Renovación enfrentarían sus últimos meses.
Pero la política rara vez se mueve por teorías puras. Se mueve por percepciones.
Y hoy la percepción es que el oficialismo provincial, empujado por sus propias tensiones internas, ya entendió que debe cambiar. La Libertad Avanza, en cambio, parece seguir convencida de que todavía está en noviembre de 2023.
La diferencia es que ya no es oposición. Hace dos años y medio que gobierna el país.
*Director de Misiones Opina
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Sixto says:
Considero que la Lla está totalmente sumergida en sus propios intereses que el de la gente , es imposible mantener este modelo si no cambian de rumbo va a ser otro gobierno fracasado , por lo que muestran es el camino de protección a los grandes Capitales, pero tienen que entender que no la gente común es la que está sufriendo y no es de ahora ya vamos años así, con distintos cambios y volvemos a caer en lo mismo el trabajador el obrero el productor el comerciante y ya no existe clase media con esto , solo clase Alta Casta y clase Baja , estos últimos cargan con todo el peso del AJUSTE en cambio el Capitalismo se re inventa al tener recursos , el resto SUFRE .
Sixto says:
Considero que la Lla está totalmente sumergida en sus propios intereses que el de la gente , es imposible mantener este modelo si no cambian de rumbo va a ser otro gobierno fracasado , por lo que muestran es el camino de protección a los grandes Capitales, pero tienen que entender que no la gente común es la que está sufriendo y no es de ahora ya vamos años así, con distintos cambios y volvemos a caer en lo mismo el trabajador el obrero el productor el comerciante y ya no existe clase media con esto , solo clase Alta Casta y clase Baja , estos últimos cargan con todo el peso del AJUSTE en cambio el Capitalismo se re inventa al tener recursos , el resto SUFRE .
jorge daniel says:
Ni la Renovación ni Lla representan ideologicamente los intereses de la clase media ni de la clase baja
Ambos espacios políticos se aprovechan de las necesidades acusiantes de la clase baja y sólo buscan crear expectativas fantasiosas a la clase media, pero la única verdad es la realidad.